Tras la crisis económica de la pasada década de los noventa en Cuba, el actual proceso de actualización del modelo económico ha generado nuevos escenarios de inequidad que urge atender, coinciden especialistas en el país. Una mirada a la vida cotidiana de Verónica Jústiz, ingeniera capitalina de 46 años, podría muy bien ilustrar esta preocupación.

La apertura del trabajo por cuenta propia ha estimulado la inventiva de muchas cubanas. Aunque no resulta sencillo encontrar un nicho en el mercado de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia, algunas mujeres han creado negocios reconocidos por la calidad de su servicio y originalidad.

Dejar de ser trabajadora por cuenta propia para crear una cooperativa significó para Daysi Delgado Batista una mejora económica y un cambio de mentalidad, que benefició también a su familia. Los retos de esta pequeña empresa radicada en La Habana pueden ser comunes a los de otras de su tipo aprobadas hasta la fecha por el gobierno cubano.

Sea con pago o sin él, en casa propia o ajena, las cubanas siguen haciendo la mayor parte del trabajo de cuidado que es vital para la vida y la economía, aunque ese esfuerzo suele transcurrir invisible a la vista social y en las cuentas nacionales.

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