El incremento del autoempleo en el sector no estatal cubano abre nuevas opciones y perspectivas económicas para muchas personas, pero también podría elevar la inseguridad del empleo, en particular de las mujeres, advierten especialistas.

Extensas jornadas de trabajo, irregulares o ausentes horarios para almuerzos y descansos, arreglos laborales que no consideran vacaciones ni compensación alguna cuando el negocio cierra temporalmente son algunas de las adversidades que suelen aparecer en el sector privado de trabajo.

Si bien muchas cubanas alcanzan un alto nivel técnico y profesional, y disponen de diversas oportunidades laborales, todavía perviven desigualdades entre hombres y mujeres en el sector empresarial, alertan especialistas.

"Aunque las mujeres cubanas se han incorporado al trabajo remunerado, aún existe una reserva en aquellas que se dedican a los quehaceres del hogar, que están en edad laboral y tienen en su mayoría nivel escolar medio", asegura la economista Teresa Lara.

Con la carga del cuidado doméstico y familiar sobre sus espaldas exhaustas y la escasez del capital imprescindible para emprender un negocio, a las cubanas les sigue costando más aprovechar las oportunidades de trabajo independiente que impulsa la reforma económica vigente en el país caribeño.

Mayo de 2015 reportó la mayor cifra de mujeres cuentapropistas hasta el momento: 30,6 por ciento de las 504.613 personas dedicadas a este tipo de ocupación en el país, según un informe del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social divulgado en junio.

Las familias cubanas han visto potenciada su función económica por encima de otras como la educativa, tras bregar con la intensa crisis experimentada por el país a fines del siglo XX y el proceso de ajustes que vive en la actualidad, aseveran especialistas.

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