Aunque mujeres y hombres enfrentan en Cuba muchas situaciones comunes cuando deciden trabajar por cuenta propia, ellas encaran desafíos particulares para abrirse paso.

Situaciones relativas a las redes de apoyo, el acceso a la información y al financiamiento parecen estar entre las principales preocupaciones y tensiones que viven las mujeres cuentapropistas, alertan especialistas.

Ello “supone que tengan que trazar un grupo de estrategias de sobrevivencia para poder eludirlas o mitigarlas”, señalan la economista Ileana Díaz y la socióloga Dayma Echeverría, investigadoras del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Estabilidad, constancia y seguridad, al margen del monto de los ingresos, parecen estar entre las razones más coincidentes expresadas por mujeres de diversos sectores laborales para explicar por qué no abandonan el empleo estatal en Cuba.

Maricela Hernández Hernández, ingeniera civil de carrera y directora de una brigada de la construcción desde hace varios años, lo confirmó a este servicio.

Conquistar el espacio púbico, generar ingresos propios, acceder a recursos productivos, autoabastecerse de alimentos y desmitificar estereotipos de género son algunos de las metas conquistadas por mujeres en 12 comunidades del oriente cubano.

Beneficiadas por el proyecto Comunidades por la vida en su segunda fase, muchas de ellas convertidas hoy en emprendedoras, han cambiado su propia realidad a partir de las iniciativas locales lideradas por el Consejo de Iglesias de Cuba.

Zoila Bárbara Loynaz Álvarez se buscó la vida siempre trabajando duro, con el oficio que sostiene al mundo y que apenas nadie ve: el empleo doméstico.

Primero en diferentes centros y entidades estatales, hace ya varios años en casas particulares, ese fue el camino que le dio la independencia, el sostén de su familia y de su casa, desde que empezó limpiando vagones en la terminal de trenes de La Habana.

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