Aún por calcular y pronosticar, especialistas coinciden en que las secuelas económicas del nuevo coronavirus no impactarán de manera similar a todos los bolsillos. Las mujeres, enfrentadas a diversas situaciones de vulnerabilidad desde antes de la crisis, pueden estar entre los grupos más afectados.

 Fuentes internacionales alertan que, además de evaluar los daños diferenciados de la COVID-19 sobre las mujeres en el ámbito sanitario, urge estudiar también otros escenarios, como el laboral y el de los ingresos.

Las difíciles condiciones que impone a Cuba el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, intensificadas en los últimos años, se sienten con crudeza en tiempos de pandemia.

El suceso reciente que impidió la llegada a la isla de un cargamento de suministros médicos desde China donado por Jack Ma, fundador de Alibaba, el gigante electrónico chino, volvió a poner en evidencia la pasada semana los efectos crueles de esa política.

En momentos de crisis, cuando los Estados disminuyen la financiación de políticas públicas y son normalmente las mujeres las que se tienen que quedar en la casa para atender a personas ancianas, niñas, niños y otras, se necesita de la economía feminista, pues en ese contexto ellas tienen menos oportunidades para tener mayores ingresos económicos y están todavía en peor situación que los hombres.

En el piso alto de una casa blanca del barrio La Víbora, en La Habana, cuya entrada está situada por un pasillo lateral, existe un taller de jabones artesanales que bien podría visualizarse como una fábrica en el futuro. Las habitaciones están diseñadas para cada etapa de la producción y todas las mujeres que forman el equipo trabajan como un todo. Allí nacen los jabones de D´brujas, proyecto creado por Sandra Aldama hace seis años, que no ha hecho más que crecer en cuanto a público, espacio y aspiraciones.

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