La pandemia de la Covid- 19 ha despertado preocupaciones en todos los ámbitos de la vida social. El pasado año y el inicio de este ha sido todo un desafío para cubanas y cubanos, sumándole el impacto y la agravación  del bloqueo estadounidense a Cuba, la disminución de la producción, un marcado deterioro de los mercados y, por consiguiente, un acceso limitado a productos y servicios; la implementación del proceso de ordenamiento monetario y la unificación monetaria y cambiaria han caracterizado el entramado social y económico de Cuba en esta época, además de acentuar la crisis que ya estaba atravesando el país.

Amaya Torres Casañas no podría explicar si fue su atracción por la naturaleza --que la marcó desde niña-- o su pasión por el diseño lo que la impulsó, en medio de la pandemia, a emprender un nuevo camino.
Quizá fueron las dos opciones, que se fundieron en una sola idea cuando vio las imágenes de la vida salvaje regresando a las ciudades desiertas, debido al confinamiento que impuso la Covid-19.

La industria de la moda en Cuba se renueva con aires contemporáneos, a mano de jóvenes diseñadoras con una visión actual desde el arte, el diseño y el empoderamiento femenino.

Laila Chaaban, fundadora de Capicúa Fashion, lleva adelante su marca desde hace apenas un año bajo el concepto de cero desperdicio, con un ciclo productivo sustentable.

Las transformaciones económicas en Cuba necesitan pensarse también desde las desigualdades, pues de lo contrario podrían ampliarse las brechas de equidad, con un impacto mayor sobre las mujeres y otros grupos vulnerables, coinciden economistas y profesionales de las ciencias sociales de la isla.

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