Mujeres lesbianas, bisexuales y trans también sufren violencia patriarcal

[08-12-2015]
Mujeres lesbianas, bisexuales y trans también sufren violencia patriarcal SEMlac

Aunque apenas se mencionan ni se visualizan cuando se habla de violencia contra las mujeres, lesbianas, bisexuales y trans también padecen las diversas expresiones de la violencia patriarcal.

“La sufren y con doble cara, porque muchas veces no se adecuan al patrón establecido de que tienen que ser femeninas y tampoco responden a los intereses del hombre”, asegura a SEMlac Teresa de Jesús Fernández, coordinadora de las redes sociales de mujeres lesbianas y bisexuales del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Humillaciones de palabra, desprecio, lesbofobia en diversas variantes, rechazo e incomprensión familiar, maltrato físico, violencia simbólica, acoso laboral y social son algunas de las manifestaciones de violencia ejercidas contra ellas.

“Incluso las propias mujeres heterosexuales, en muchas ocasiones, lamentablemente, también reflejan hacia las mujeres lesbianas esa misma violencia porque ven como algo negativo o que no está bien –yo misma no entiendo por qué— esa posibilidad que tienen de vivir libremente, al margen del hombre”, agrega.

Para la doctora Clotilde Proveyer Cervantes, la explicación podría estar en que la violencia de género está muy enraizada en el tejido social, por lo que está naturalizada, invisibilizada y legitimada.

“En esencia se trata de una violencia que se ejerce por motivos de género, fundamentalmente hacia las mujeres, pero también sobre todas aquellas personas que no adoptan la normativa heterosexista de la dominación masculina”, agrega la profesora de la Universidad de La Habana.

“De manera que la violencia de género se ejerce contra las lesbianas, los gays, las personas trans y todas las que transgredan el patrón de la masculinidad hegemónica que detenta el poder a nivel social”, remarcó a SEMlac.

Indagaciones y estudios realizados en Cuba por autores nacionales y extranjeros confirman que los actos violentos contra mujeres lesbianas, bisexuales y trans pueden ir desde su anulación como personas hasta su aniquilación física, indicó por su parte el activista Alberto Roque.

Durante un panel efectuado a propósito de la Jornada por los 16 días de activismo por la no violencia contra las mujeres, el médico aseguró que mujeres lesbianas y bisexuales sufren de lesbofobia como expresión fundamental de violencia.

Ello se evidencia desde que empiezan a expresar su deseo erótico y se establece una gradación entre ellas, explicó, desde las que cumplen con roles de género más atribuibles a una feminidad hegemónica –usan tacones, se maquillan, son delicadas, se arreglan—y las que muestran una imagen más dura y masculinizada, sin ningún tipo de sentimientos o sensibilidad aparentes.

“Esa gradación de legitimidad ubica en una periferia mucho mayor a estas últimas y es una manera de ejercer violencia. Son vistas y valoradas desde estereotipos machistas y patriarcales, muy excluyentes y lacerantes”, recalcó Roque.

Específicamente hacia las mujeres lesbianas hay, además, una violencia ejercida desde los hombres heterosexuales, que ven a estas como objeto de deseo.

“Estos hombres crean una especie de gusto y fantasía erótica alrededor de las relaciones eróticas entre dos mujeres, que es muy explotada por el mercado pornográfico –del cual Cuba no está exento--, y desde ese nivel se ejerce la violencia también”, agregó Roque.

Ellas, en tanto, lo valoran muy lejos del placer y el significado que le ofrece a ese acto la cultura machista.
“Significa no respetar la idea de que esa mujer es feliz y eróticamente completa con esa relación y tampoco admiten que no esté la presencia masculina en su historia de vida. Esta es quizás la violencia más solapada y que nadie nota porque es muy simbólica”, acota De Jesús Fernández.

La activista, filóloga de profesión, añade a la lista de malos tratos la agresividad de la ofensa, que usa un lenguaje humillante y despectivo para hablar de ellas, “porque molesta que esa mujer no responda al canon de lo femenino”.

“Y después está la violencia que se desprende de la no comprensión de que dos mujeres pueden amarse y que ese amor puede tener la misma importancia, pureza, fuerza, sentido y valor que tiene cualquier otro tipo de amor”, reflexiona.

Por otra parte, existe una violencia de género que ellas experimentan dentro de los propios grupos discriminados que no cumplen con la norma heterosexual.

“Las mujeres lesbianas tienen un frente de resistencia que es histórico con respecto a los hombres gays blancos, de clase media, con instrucción y determinado poder económicos, que establecen hacia ellas una relación de discriminación patriarcal, aun cuando estos hombres son homosexuales o bisexuales”, explicó Roque.

La falta de comprensión y el ejercicio de la lesbofobia las lleva a sufrir otras consecuencias violentas a lo largo de su vida, en los ámbitos familiares, escolares, laborales y sociales.

“Pueden ser muy evidentes, pero estar igualmente muy matizadas o enmascaradas”, sostuvo Teresa de Jesús Fernández a SEMlac.

Entre otras historias, refirió la de mujeres lesbianas y bisexuales que muchas veces enferman y llegan a visitar al médico demasiado tarde por la angustia que les produce sentir rechazo al llegar a los servicios ginecológicos de la atención primaria, por ejemplo.

“Eso no es un mito, es una realidad contada por muchísimas mujeres”, refirió la especialista del Cenesex.
En opinión de Roque, las lesbianas carecen del reconocimiento jurídico para las uniones entre personas del mismo sexo y ven limitados sus derechos reproductivos por su falta de acceso a la reproducción asistida de bajo costo.

Al no haber tampoco un reconocimiento jurídico de la violencia de género como problema que afecta a todas las mujeres, independientemente de su orientación sexual e identidad de género, no se aprecia tampoco la vulnerabilidad específica de la doble discriminación que sufren ellas por su orientación sexual y por su identidad de género.

Las situaciones que vivencian las mujeres trans son mucho más complejas, advierte Roque y aclara que el maltrato que padecen no es solo psicológico, sino también físico.

“Ellas están en los márgenes de las construcciones de género y también de la manera en que se ejerce la violencia”, precisó.

Desde edades muy tempranas, estas personas comienzan a expresar su identidad femenina, que no coincide con el sexo asignado al nacer.

Por lo tanto, sufren la violencia y aprenden a reaccionar violentamente desde edades muy tempranas.
“Es un círculo vicioso que, llegada la adultez, es muy difícil desarticular, porque ha sido sedimentado a lo largo de la vida y hay una apropiación de esas normas violentas”, describió el estudioso y activista LGBTI.

Como resultado, “tienen muchas construcciones violentas per se que no son naturales, sino más bien naturalizadas a lo largo de sus existencias”.

Estas personas precisan del reconocimiento jurídico de la identidad de género como parte de la identidad personal y como elemento crucial para el reconocimiento de su personalidad jurídica.

Igualmente, dijo, deben garantizárseles la posibilidad de obtener un reconocimiento jurídico y social efectivos, tener acceso a la reproducción y a conformar familia, entre otros derechos.

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Sara Más

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