Los estereotipos son prisiones para la plenitud humana

[08-12-2017]

A la condición biológica y cultural que se erige sobre el sexo femenino, las mujeres lesbianas agregan otra que les depara múltiples violencias y discriminación: no cumplen muchas veces con los roles y estereotipos que la sociedad y sus imaginarios les asignan. Rompen todos los moldes, transgreden las dinámicas prestablecidas, desdibujan el patriarcado, en ocasiones, con su sola presencia. La lesbofobia, una forma de discriminación y violencia que viven estas mujeres por el solo hecho de amar a otra mujer, transcurre muchas veces en el silencio, cuando no en el más público rechazo. Los actos violentos que viven las jóvenes lesbianas son “muchísimos”, asegura Teresa de Jesús Fernández, coordinadora de la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

¿Qué tipo de violencia viven las mujeres lesbianas jóvenes?
La primera es el rechazo social en general, porque la mujer lesbiana goza de mucho menos aceptación, incluso, que el hombre gay. Quizás porque en el imaginario social se representa al hombre gay agradable, sonriente, y a la mujer lesbiana como que muy concentrada, seria, y esas cosas hasta a lo mejor ni siquiera gustan. Ellas sufren, sobre todo, si son estereotípicamente muy masculinas, aunque sufren también si son muy femeninas, porque tampoco se corresponden con el imaginario de una mujer lesbiana; es como si nunca lograran ubicación. Pero, aparte de eso, sufren rechazo porque se supone que es una mujer que no se ocupa de su casa, que nunca tendrá familia. Se dan por presupuestas tantas cosas que no corresponden a la realidad de la mujer lesbiana, que ya por ahí el prejuicio va caminando solo.

Y cuando se trata de niñas, adolescentes y jóvenes, ¿qué actos violentos marcan sus vidas?
Muchísimos. En la familia marca el rechazo por ser una niña que está creciendo, por ejemplo, sin seguir todos los cánones que se supone debe seguir en la construcción de lo femenino; eso puede ser un problema en la familia. Muchas veces a madres y padres les molesta lo que ellos llaman una niña masculinizada, marimacho; el propio epíteto es una ofensa muy fuerte.
En las escuelas pasa lo mismo. Cuando son niñas que no se unen con las otras niñas para hablar de las mismas inquietudes: que si el novio, que si los zapatos, que si la sayita y los tacones, o el pelo… También se crea un rechazo porque les falta esa parte de conciencia más acorde a lo que se supone que las adolescentes hablan cuando están en grupos; no entran en esos secretos que entran las niñas a esa edad y eso las hace sufrir también Y como los varones no pueden verlas como un objeto de deseo, entonces las agreden. O peor: las persiguen por aquello de que, si es una mujer lesbiana, ellos son los muchachos que las van a corregir y eso también es una violencia muy fuerte.
En los imaginarios de las poblaciones, incluidas la población joven, hay criterios muy conservadores respecto a las mujeres lesbianas y trans. Claro, porque si se sigue pensando que el hombre es el proveedor, el que domina, el que tiene la última palabra, y la mujer está en función del hombre.
Pero la mujer lesbiana escapa todo eso. Ella no espera que el hombre tenga la última palabra, no está a su merced ni espera a que él la autorice… Y ya, ahí mismo cae, digamos, en la falta tremenda de no estar subordinada al hombre y por eso sufre también discriminación.
En algunos aspectos los jóvenes no están avanzando, no están siendo más abiertos ni más inclusivos; no están siendo más comprensivos con la naturaleza humana. Al contrario, se están encasillando en un rol específico: el del hombre y la mujer de un cierto tipo. Y eso es peligroso, porque además de ser un conservadurismo de la peor clase, daña a muchas personas que no quieren seguir unos roles que las aprisionan.

¿Cuál pudiese ser una propuesta que ayudara a cambiar esos imaginarios?
Lo primero es educar en que los seres humanos no tienen por qué estar enmarcados en roles específicos y entender que el género es una construcción artificial, cultural, que responde a una ideología de dominación y de poder, en la cual la mujer está por debajo del dominio patriarcal.

¿Y la mujer lesbiana?
Imagínate, es una rebelde, una disidente, por no acatar el poder del hombre. Entonces se ve como algo más peligroso. Suele ser muy incómoda. Lo primero que hay que enseñarles es que los seres humanos somos seres humanos y hay que empezar a desligar que los seres humanos tenemos que cumplir roles específicos que, al final, crean una cárcel alrededor de la expresión de ese ser humano que somos, en nuestra plenitud.

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Sara Más

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