La diversidad sexual no vale de mucho si…

Por Sandra Abd´Allah-Alvarez Ramírez [19-12-2016]
Imagen compartida en Facebook por Medusczka Gorgona. Imagen compartida en Facebook por Medusczka Gorgona.

Sigo un perfil en Fb que ha sido de mis últimos descubrimientos en esa red social. Su nombre da para un trabalenguas y sus post para un retozo intelectual tremendo.
A Medusczka la conocí mientras debatíamos acerca del matrimonio igualitario. Ella es una persona trans no binaria y, si creo haberle entendido bien, las razones por las cuales se declara abiertamente en contra de esta forma de unión, como de cualquier otra entre dos personas, es por la legitimación del patriarcado que implica y también por la loa que se le hace al capitalismo neoliberal, orden social para el cual el matrimonio como institución le viene al dedillo.

¿Matrimonio iguali qué?
Como decía recientemente en su muro: “Matrimonio igualitario o de cómo asegurar la continuidad de la heterosexualidad como ideología”. Y me quedé pensando.
En aquel entonces yo intentaba expresar que el matrimonio igualitario, o la unión civil entre personas del mismo sexo, también podría implicar la subversión desde adentro de esa institución. Tal sería el caso de personas que, huyendo de la homofobia de Estado en sus países de origen --como en Rusia o países islámicos--, no logran obtener asilo en otros y el matrimonio sería una vía para legalizar su situación migratoria.
Recuerdo, además, que le puse como ejemplo un caso del que tuve conocimiento en Cuba, donde una niña tuvo que irse a vivir con la abuela, quien rechazó siempre el lesbianismo de su madre; pero esta murió en un accidente. La otra madre no pudo acceder a cuidar de la pequeña, pues en Cuba no hay ley que reconozca su maternidad compartida.

Lo LGTB también es patriarcal y heteronormativo
Entonces llevo unos meses siguiendo este perfil, que ha sido una especie de jolgorio para mi intelecto, aun cuando --como en el caso anterior-- no coincidimos totalmente. Básicamente Meduzczka lanza preocupaciones como dardos en su muro facebuquiano. Otro ejemplo:

¿Cómo que nueva heterosexualidad, si estamos hablando de personas que se vinculan amorosa-eróticamente con otras identidades sexuales, genéricas y orientaciones diferentes de la heterosexual?
Mi reflexión sobre el asunto no ha recorrido un camino lineal, sino más bien ha tenido sus saltos, retrocesos y vacíos. En un momento me opuse, digamos que no con insistencia, a la inclusión de otra H (de heterosexual) en las siglas LGTBI que alguien propuso en el contexto de las jornadas cubanas contra la homofobia. También creo que en otro momento pasé de largo de esa discusión que ahora considero medular.
Para mí está claro que la hterosexualidad en sí misma es la manera legitimada por el patriarcado de vinculación sexo-erótica; e incluirla acríticamente en el espectro de “otras sexualidades” supone ser cómplice de la opresión, como la persona esclavizada que, cuando la liberan, se pone el apellido de los amos (salvando las distancias).
En este sentido, tendríamos que denunciar que la heteronormatividad se reproduce aún dentro la homo-bisexualidad -el matrimonio igualitario es el mejor ejemplo-, y que lo LGTBI replica lógicas esencialmente patriarcales y coloniales, y la familia biparental es una de ellas, no importa el género de los adultos que la integran; como también lo es la supuesta binariedad de lo transgénero o transexual.

La diversidad sexual no vale de mucho si…
Hasta hace poco yo usaba el concepto de “diversidad sexual” de manera frecuente y acríticamente, y en ocasiones múltiple, como sinónimo de LGTBI.
También lo usaba por comodidad porque es un término se recogía, supuestamente, todo un espectro de identidades sexuales, de género y orientaciones sexuales. Una especie de saco, diríamos en cubano. Ahora me percato de que es un concepto tan amplio como vago e impreciso y, lo más peligroso, configurado desde la lógica patriarcal en la cual unas personas son minoría y el resto, la apabullante mayoría heterosexual, mutila y prescribe lo que debe ser y lo que no.
Y otra vez Medusczka ha puesto el dedo sobre la llaga cuando acota:

A mí no me interesan realmente los movimientos de la llamada "diversidad sexual", me interesa el trans-feminismo como una propuesta política que va tras un cambio más profundo. Y no, no son la misma cosa. No tenemos los mismos fines.
Tal vez, en algún momento, podemos acompañarnos en la denuncia de alguna de las muchas violencias del régimen heterosexual, ese que la llamada "diversidad sexual" no reconoce, ni alcanza a ver, porque considera la heterosexualidad como parte de la "diversidad" y la vuelve en su eje normativo y aspiracional. No la cuestiona como un sistema ideológico que genera opresiones que se intersectan. Ahí la diferencia.

En mis propias palabras, de qué nos sirve la “diversidad sexual” si vamos a reproducir la heteronormatividad y, además, igualar las diferentes opresiones, como si ser una mujer negra trans y lesbiana no tuviera más “costos” para la persona en cuestión que ser una mujer cis lesbiana.
Por otra parte, en Cuba tenemos una tendencia hacia lo ecuménico, razón por la cual creo que “diversidad sexual” ha prendido en el vocabulario, en especial de activistas. De hecho, aún cuesta mucho hablar en otros términos que no sean “mujer” y “hombre”, cuanto más se habla en plural y se piensa que así se soluciona el problema.
Por si fuera poco, en la isla no se digiere con facilidad una iniciativa que proponga separar peras de manzanas. Vale la pena recordar que el Censo 2012 abortó la posibilidad de contabilizar los hogares homoparentales, perdiendo la oportunidad de acceder a información muy valiosa y de inscribirse como uno de los levantamientos más inclusivos de la historia.
Por allá tampoco tenemos mucha aceptación de safe space donde se privilegie la participación de las personas que se han encontrado históricamente en una situación de exclusión. Yo, como mujer lesbiana, quizás necesite contextos en los cuales solo estén presentes personas con mi misma orientación sexual e identidad género.
La “diversidad sexual”, entonces, no sirve de mucho si no decidimos ser radicales y analizar el asunto hasta las máximas consecuencias. Yo al menos no quiero ya un pedazo del pastel que es el patriarcado, sino que quiero otra torta, con otros ingredientes. Y tampoco quiero que me la den, quiero participar del proceso de elaboración.

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