Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el estudio científico social del prejuicio entró en su etapa de crecimiento y Gordon Allport publicó su enciclopédica obra La naturaleza del prejuicio, los preocupados estadounidenses que querían combatir el prejuicio compartían la idea de que sus campañas deberían empezar por demostrar que los blancos del prejuicio son creados por el prejuicio. Es decir, se daban cuenta de que el primer paso en la operación de un prejuicio es crear el blanco, agarrar algún tipo de diferencia y convertir esa diferencia en una definición de grupo.

La sociedad cubana actual continúa permeada de ideas y concepciones machistas y patriarcales, a pesar de los esfuerzos realizados por la Revolución para eliminar esta herencia cultural de casi 500 años. La familia, como núcleo fundamental de la sociedad, es el marco fundacional de estas relaciones de poder. Las personas homosexuales nacemos y crecemos, en la mayoría abrumadora de los casos, en el seno de una familia heteroparental; es decir, somos hijos de padres heterosexuales y crecemos, por lo tanto, bajo códigos heterosexistas y machistas.

La familia socializa a sus miembros según el contexto histórico cultural en el que viven. Los mensajes y modelos acerca de la sexualidad se estructuran desde una lógica social que adjudica símbolos, representaciones, sentimientos y comportamientos, según la pertenencia a uno u otro sexo. En el proceso de socialización, se encarga de domesticar la sexualidad de mujeres y hombres de acuerdo a lo deseado, los estereotipos sexuales y de género aceptados en cada sociedad.

No obstante, y a pesar de la férrea vigilancia ejercida para reducir los comportamientos sexuales que se alejan de la "norma", durante el proceso de construirse sujeto de deseo y deseante, emergen las sexualidades

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