"Kings and Queens and people in between,
poderosxs todxs somos poderosxs.
Las vacas, los toros y las mariposas.
Poderosxs, todxs somos poderosxs.
Intersexuales, dioses y diosas."
Krudas Cubensi, CD Poderosxs, 2014.

A partir de una conversación con Odaymara Cuesta y Olivia Prendes, integrantes del grupo de rap feminista queer Krudas Cubensi, sobre los inicios del grupo OREMI (red de mujeres lesbianas y bisexuales de Ciudad de la Habana), en 2004, me puse a pensar en la necesidad de rescatar las historias invisibilizadas de la comunidad LGBTIQ cubana. En sus esfuerzos por legitimar algunos campos científicos como la medicina, la pedagogía y la psicología durante los siglos XVIII, XIX e inicios del XX, la academia de ciencias en Cuba patologizó e invisibilizó a la población no-heteronormativa. El artículo "Critica del hombre mujer", escrito por José Agustín Caballero en 1790, y los estudios del profesor Luis Montané recogidos en la ponencia "La pederastia en Cuba", en 1890, son muestras de la preocupación de los científicos de la época por las prácticas homosexuales masculinas y el travestismo1. Otro ejemplo llegado a nuestros tiempos es el juicio de Enriqueta Favez, una mujer francesa que, por vestirse de hombre y contraer nupcias con otra mujer a fines del siglo XVIII, en la ciudad de Baracoa, en Guantánamo, fue condenada a 12 años de cárcel y luego al destierro2.

La Declaración de derechos del hombre y el ciudadano, nacida con la gesta de la revolución francesa de 1789, se considera la fuente de inspiración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948.

La revolución francesa convocó a la barbarie y a la destrucción del orden moral, según ha dicho Edmund Burke[1]. La proclama “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, sustentada en “el contrato social” de Jacques Rosseau y otros contractualistas, promulgó un “contrato sexual” en los nacientes Estados laicos burgueses.

La violencia es una construcción social aprendida y transmitida desde generaciones anteriores, mediante los diferentes tipos de conductas y actitudes que tienen lugar en los procesos de socialización, en el marco de las interacciones humanas, aunque hoy no pasa inadvertido el modo en que se entroniza en la cultura. La permisividad naturaliza y legitima pautas de comportamiento y sistemas de valores que se hacen funcionales y con los cuales actuamos de manera violenta. Entre estos no deja de señalarse la influencia de los sistemas patriarcales y los estereotipos androcéntricos. Cuba no está exenta de esta realidad.

Muchos son los sujetos violentados en nuestras sociedades, marcadas por una cultura machista. Como forma de perpetuarse, el sistema heteropatriarcal ha consolidado el sexismo en la educación desde instituciones socializadoras como la familia, la escuela, los medios de comunicación y otros. En el blanco de esa socialización sexista aparecen todas las expresiones de las sexualidades divergentes de la heteronormatividad: las personas homosexuales y las identidades trans (personas travestis, transexuales y transgéneros) constituyen uno de los grupos más violentados, estigmatizados y discriminados.

Quiero intervenir a propósito de la ciencia ficción cubana –en lo adelante CFC– y los modelos de sexualidad que propone. Invitarles a ese campo busca cubrir un vacío: aunque ya no es novedad en Cuba que la crítica feminista se dedique a la literatura hecha por o sobre mujeres, los estudios que hasta ahora circulan ignoran la CFC, igual que la crítica literaria "tradicional". Pero como soy una rara, no me avergüenza compartir esta obsesión. Lo que sigue es un análisis de 14 textos publicados en Cuba entre 2001 y 2013, por orden temático: libros patriarcales, feministas y queers. Comencemos por Vladimir Hernández Pacín y Elaine Vilar Madruga.

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