Que un cuento como Ito (Editora Abril, 1997) se convierta en una lectura infantil cotidiana, o al menos cada vez menos conflictiva o “rara” para los padres y madres de la Isla, pudiera ser un factor determinante, anhelado, en pos de que la diversidad sexual resulte un tema natural a tener en cuenta en la literatura infanto-juvenil en Cuba.

El sensible libro del autor cubano Luis Cabrera Delgado narra la historia de un pequeño, casi adolescente, que tiene gustos y formas distintas que no “encajan” en las estructuras sociales, o al menos en las maneras convencionales y uniformes de asumir un modelo de niño. Su recepción pudiera ser más intolerante de leer o asimilar para las y los adultos que para los propios niños y niñas. Sobre todo, cuando son los primeros quienes explican los asuntos incomprensibles a los segundos y, por tanto, reproducen e inculcan estereotipos y temores.

Recién, una pareja amiga de orientación heterosexual se me acerca y ambos me confiesan que llevan 10 años infructuosos intentando alcanzar la maternidad y la paternidad por las vías naturales y asistenciales, acogidos a nuestro programa nacional de atención a las parejas (heterosexuales) infértiles.

Por razones que ahora no vienen al caso, y porque no estoy autorizado a develar intimidades que no me corresponden, hasta este momento no han podido lograr su sueño de años de amor; pero permítanme vanagloriarme de haber sido el medio al que recurrieron para depositarlos en las mejores manos de nuestros especialistas en los temas referidos a las concepciones humanas por vías no naturales.

Foto Zanele Muholi (Umlazi, Durban, Sudáfrica, 1972)Foto Zanele Muholi (Umlazi, Durban, Sudáfrica, 1972)En contadas ocasiones hablamos de las consecuencias dolorosas que nos impone el machismo y cómo se convierte en una forma de violencia para las mujeres, en particular para las lesbianas, y también para los hombres y diferentes masculinidades.

Es sabido que la autovaloración depende de nuestras experiencias con las personas que nos rodean, de los mensajes que vamos recibiendo en la comunicación respecto a nuestro valor como persona primero, en el seno de la familia, luego en la escuela, en los medios de comunicación y la sociedad en general.

Kaipiroshka de Fresa, 2012 © Rocío GarcíaKaipiroshka de Fresa, 2012 © Rocío GarcíaCaracterizar a grupos sociales, étnicos, religiosos o económicos es un proceso social muchas veces necesario, pues generalizar conceptos en torno a determinados fenómenos constituye una herramienta para identificarlos o manejarlos mejor. Sin embargo, encasillar a las personas en conjuntos sobre los que se tienen creencias, ideas y sentimientos preconcebidos da lugar a la formación y reproducción de estereotipos.

Algunos grupos son más desfavorecidos en esta simplificación de la realidad. La generalización de conductas negativas asociadas a las personas de piel negra produce estereotipos e hiperbolizaciones que no siempre se fundamentan en la verdad. “Tenía que ser negro”, “Si no la hace a la entrada, la hace a la salida” son dicharachos populares que reflejan estereotipos y prejuicios raciales del imaginario social.

Pero no son ellos los únicos castigados, cuando de representaciones mentales se habla. La visión heterosexista de nuestras sociedades también ha sido el talón de Aquiles para otros grupos. Si una mujer tiene relaciones sexuales con varios hombres, se le acuñará de prostituta; si lo hace un hombre gay, se le tildará de promiscuo; pero si es un hombre heterosexual, no alcanzarán los buenos calificativos. Y sigue llevando la voz cantante el machismo.

Información adicional