Comunidades religiosas y personas cristianas en Cuba hablan de sexualidad y rompen con prejuicios que limitan vivir a plenitud a personas homosexuales y transgénero.
"Pensar en la sexualidad como una actividad espiritual podría parecer extraño, incompatible e incómodo. Todavía nuestros modelos teológicos interpretativos de la realidad no miran estas dos fuerzas como lo que realmente son: coexistentes y absolutamente complementarias", opina el reverendo Luis Carlos Marrero.

Historias de vidas, opiniones de especialistas y experiencias familiares revelan avances y dificultades en la aceptación de la homosexualidad y la identidad transgénero en familias cubanas.
"¿Cómo responderle cuando me pregunte si los varones pueden enamorarse de otros varones? ¿Cómo ser clara con algo tan complejo como la identidad de género y el travestismo?", se pregunta Marianela Santos.

Activistas transgénero coinciden en que el amor propio y las relaciones humanas asertivas son fundamentales para el goce pleno de los derechos humanos y la lucha contra la discriminación en Cuba.

"El activismo no se trata solo de la exigencia de nuestros derechos, sino de establecer redes de amor y de cuidado entre nosotras", opina la socióloga colombiana Andrea García.

Aunque apenas se mencionan ni se visualizan cuando se habla de violencia contra las mujeres, lesbianas, bisexuales y trans también padecen las diversas expresiones de la violencia patriarcal.

“La sufren y con doble cara, porque muchas veces no se adecuan al patrón establecido de que tienen que ser femeninas y tampoco responden a los intereses del hombre”, asegura a SEMlac Teresa de Jesús Fernández, coordinadora de las redes sociales de mujeres lesbianas y bisexuales del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Información adicional