El documental Ni preguntas ni respuestas, es la vida, de la realizadora cubana Lizette Vila y estrenado la pasada semana en La Habana, devela vivencias de personas transexuales y sus familias en torno a la aceptación de la diversidad sexual y el contagio con VIH/sida.

A partir de lo más humano e íntimo, miradas, gestos, lágrimas y voces descubren desde sufrimientos por la incomprensión y el rechazo de los seres más cercanos, duros trances y violencia, hasta la incondicionalidad de madres que, por encima de todo, defienden a sus hijos y su decisión de ser auténticos, aunque diferentes a lo que dicta la sociedad.

Aparenta ser una cubana de cuarenta y tantos años, que vive la existencia común de muchas en esta isla del Caribe: cuida a su madre, ya mayor y confinada a una silla de ruedas; se multiplica en muchas a la vez cuando cocina, lava, limpia y enfrenta la cotidianidad de una ama de casa cualquiera; se emociona si escucha cantar un coro de voces; se mortifica si no le consideran su trabajo; lleva consigo alegrías y frustraciones.
Así se muestra Mavi Susel  en el documental En el cuerpo equivocado, de la realizadora cubana Marilyn Solaya, que será estrenado en 14 países y dos canales de televisión en agosto venidero y tuvo una presentación especial el 14 de mayo en La Habana, durante la Tercera Jornada Cubana contra la Homofobia.

Él tiene una orientación sexual diferente, pero eso no tiene nada que ver, asegura un hombre, desde un spot televisivo reciente, tras enumerar todas las virtudes de un colega de trabajo. Seguidamente, el personaje interpela al televidente: ¿Para usted sí?

Transmitido en los horarios nocturnos del canal Cubavisión, con alcance nacional, este mensaje y otros de dibujos animados donde los personajes son los símbolos de lo femenino y lo masculino que se combinan para formar parejas del mismo sexo, han puesto el asunto de la aceptación a la diversidad sexual en los horarios estelares de la televisión cubana.

“Cuando lo vi por primera vez, creía que no había escuchado bien, pues estaba dando vueltas por la casa”, dijo a SEMlac Rolando Domínguez, un joven homosexual de 21 años, estudiante de arte.

Las palabras no alcanzan para contar, o mejor sentir, todo lo que debió vivir el escritor cubano Nelson Simón antes de publicar su primer libro o poder pararse en un escenario y decir, con una valentía poco común en Cuba: “estoy aquí como artista y, sobre todo, como gay”.

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