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Por Sara Más

Aunque la violencia infantil la padecen tanto niñas y niños, las primeras son las principales víctimas de familiares y personas conocidas, fundamentalmente.
Esta parece ser una constante en el mundo y también en Cuba, donde especialistas y estudiosos del tema identifican características particulares del fenómeno, pero también aspectos comunes al panorama internacional, como que la violencia se naturaliza, permanece oculta y se presenta en todos los grupos culturales, estatus económicos y sociales.
"El maltrato se calla y, en muchos casos, lamentablemente se justifica", asegura la jurista Perla Delgado Valle, fiscal de la provincia de Cienfuegos, a más de 250 kilómetros de la capital cubana, y autora de la investigación "Las niñas y los niños, su derecho a la protección contra la violencia".
Delgado indagó en los hechos de maltrato infantil en su ciudad, a partir de todas las denuncias hechas entre enero y diciembre de 2003 relativas a conductas violentas contra niños y niñas, así como las causas radicadas en la Sala Penal Primera del Tribunal Provincial Popular por delitos sexuales con víctimas menores de edad, hasta diciembre del mismo año.
De las 3.090 denuncias por hechos delictivos ante la policía, en sólo 40 casos las víctimas fueron niñas o niños. En tanto, de un total de 417 causas radicadas en el tribunal, 23 correspondieron a delitos típicamente sexuales, cuyas víctimas resultaron ser menores de edad.
La jurista apunta que estos datos son relativos, debido a que hay un subregistro de historias que se ignoran, porque no son procesadas, estudiadas o investigadas. No obstante, reconoce que ayudan al análisis, sobre todo "para que padres, profesores, médicos y sociedad en general tomen conciencia".
Lunes, 21 Abril 2008 00:00

A golpes contra nuestros niños

Por Ilse Bulit

Guardo todavía la asustada carita de aquel pequeño en mi memoria, a pesar de que han transcurrido más de 15 años. Salía yo de un mercado del periférico barrio de San Agustín, de la Ciudad de La Habana, y una joven, de unos 25 años, gritaba palabras mal sonantes a un parvulito menor de dos.
Ella, posiblemente la madre, lo acusaba del pecado de no marchar a su paso. Como yo, la muchacha cargaba una gran bolsa de tela repleta de papas frescas, con las que haría sabrosos purés para ese mismo pequeño: pero ahora, aquel niño era su enemigo, enemigo inventado y necesario.
Y como este diminuto enemigo estaba paralizado por el terror, lo tomó de la mano y procedió a arrastrarlo. El cayó al suelo y sus rodillas extraían un ruido sordo al pavimento, unido a su llanto de dolor y las vociferaciones de la madre. No pude contenerme e intervine: la amonesté por su actitud violenta.
La joven se volvió hacia mí y sus ojos destilaban un odio como si yo fuera la culpable de todos sus males. Libre de sus improperios vergonzosos, reproduzco su mensaje: "No se meta en lo que no le importa, yo lo parí y hago con él lo que me da la gana".
Otras mujeres con idénticos pechos construidos para la lactancia, como las dos protagonistas, nos observaban en silencio, invitadas a un espectáculo virtual sin consecuencias reales para sus destinos.
Lunes, 21 Abril 2008 00:00

Infancia en riesgo

Por Raquel Sierra

Los quiere con el alma. Cada vez que "los suena" o les grita, les pide perdón una y otra vez y los colma de besos, tratando de borrar la imagen violenta. Si alguien le preguntara si maltrata a sus hijos no dudaría en responder: "¿Yo? Primero, muerta".
Lo considera parte de la educación. Rosaura Sosa, residente en el municipio de Arroyo Naranjo, en la capital de Cuba, no concibe que esas sean algunas de las manifestaciones más comunes del maltrato infantil, un concepto que incluye desde palabras fuertes y desatención hasta golpes y abuso sexual.
No es el hecho que sólo haya terminado la enseñanza preuniversitaria lo que lleva a Sosa al desconocimiento. Esa escena, con matices, se repite en el hogar de Rodolfo Medina, un profesional de 41 años para quien "unas buenas nalgadas y castigos enseñan respeto y obediencia".
"Mi padre buscaba el cinto cada vez que me portaba mal o hacía una travesura que se pasaba de la raya. Trato de hacer lo mejor por Rafael Daniel, pero no son golpizas que puedan hacerle daño", piensa.
"Creo que hay una línea divisoria muy fina entre la educación y el maltrato. Los padres estamos sobre esa cuerda floja, siempre con el peligro de traspasar los límites", comenta, preocupado con su actuar.
Viernes, 14 Marzo 2008 00:00

Golpes que enseñan a golpear

Aunque en el refranero popular reza aquello de que los golpes enseñan, la experiencia demuestra que un alto porciento de las situaciones violentas presentes en la vida de los seres humanos es generado por otros actos similares.
Casi todas las personas menores de edad violentas e inadaptadas en sus escuelas están relacionadas, de alguna manera, con padres que consumen alcohol, las agreden física y hasta mentalmente o ejercen sobre ellas algún tipo de violencia familiar, afirma Marta Díaz, especialista de la consulta de psicología en la policlínica Héroes de Girón del municipio del Cerro, en la capital cubana.

Por Raquel Sierra

Se llaman por apodos muy feos, juegan de manos constantemente, se ofenden, dicen palabrotas y empujan a otros como lo más normal del mundo. Son adolescentes y las más de las veces ni tienen idea de cuándo sobrepasan la línea de la violencia. 
La adolescencia es una etapa significativa del ciclo vital. Todo cambia: desde lo biológico hasta la conducta.  De no ser atajados a tiempo, los comportamientos violentos pueden permanecer en el espacio escolar, de ahí la importancia de que la escuela y la familia se involucren para corregir esas situaciones.

Con una experiencia de 10 años en los estudios de masculinidad, el historiador cubano Julio César González Pagés está convencido de que, si la humanidad quiere avanzar hacia un mundo sin violencia, hay que ir a las esencias: "más allá de la identificación de formas más frecuentes, víctimas, victimarios".
Confeso feminista y autor de importantes estudios sobre la historia de las mujeres en Cuba, el también presidente de la Comisión Género y Paz de la organización no gubernamental Movimiento Cubano por la Paz, Pagés piensa que la violencia hay que tratarla desde sus raíces y como un proceso social.
Norma Vasallo Barrueta, presidenta de la Cátedra de la Mujer y profesora de la facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, asegura que las investigaciones en torno a la violencia doméstica en Cuba crecen en la misma medida en que el tema se hace más visible como problema social.
Para la experta, también coordinadora de la Maestría en estudios de Género de la alta casa de estudios de la capital cubana, la Cátedra de la Mujer ha puesto su parte en ese empeño.
Viernes, 14 Marzo 2008 00:00

Ada C. Alfonso: La violencia contamina

Psiquiatra de profesión y dedicada por varios años al estudio de temas de salud desde la perspectiva de género, la doctora Ada C. Alfonso considera que al personal de esa rama le corresponde un papel crucial en el enfrentamiento a la violencia, no sólo desde la atención y asistencia a las personas que la padecen.
A la promoción de estilos de afrontamiento no violentos, deben sumar la promoción de mensajes que ayuden a identificar "todas aquellas manifestaciones de violencia, por sutiles que sean".
Subdirectora, en la actualidad, del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, Ada integra la Red Latinoamericana de Género y Salud Colectiva, de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES), es consejera de la Red de la Salud de las Mujeres de Latinomérica y el Caribe e integra el Grupo Nacional de Prevención y Atención a la Violencia Intrafamiliar coordinado por la Federación de Mujeres Cubanas.
Con más de dos décadas dedicadas a la medicina veterinaria, Ángel Mario Rodríguez tiene sus propias reflexiones sobre la violencia contra los animales. No las avalan investigaciones científicas pero sí la práctica constante y conciente de su profesión.
Para Rodríguez, especialista en servicio veterinario de frontera en el aeropuerto internacional José Martí de Ciudad de La Habana, las agresiones contra el género animal son parte inseparable del ciclo humano de la violencia, aunque con frecuencia no aparezcan visibilizadas como tal.
Lejos de lo que dicta una práctica educativa milenaria, los golpes no enseñan. Así lo asegura la master en sexualidad Iliana Artiles, quien dirige un grupo de trabajo que estudia este tema en el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).
Autora del libro Violencia y Sexualidad, Artiles mereció elogios de la crítica por ese texto años atrás, cuando por primera vez se incursionaba en este asunto dentro del universo editorial cubano.
Convencida de que, detrás de todo acto violento, de cualquier tipo, "siempre hay alguna relación de poder", Artiles aboga por la promoción de una cultura de la no violencia que debe gestarse desde la familia, en cada hogar.

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