¿Dónde están las mujeres lesbianas?

[05-06-2018]
"A las mujeres lesbianas les cuesta mucho ejercer el activismo, estamos muy estigmatizadas", opina María Caridad Jorge, coordinadora de Labrys, en Santa Clara. Foto de Carolina Vilches "A las mujeres lesbianas les cuesta mucho ejercer el activismo, estamos muy estigmatizadas", opina María Caridad Jorge, coordinadora de Labrys, en Santa Clara. Foto de Carolina Vilches

Sujetas a una doble discriminación, por género y orientación sexual, las mujeres lesbianas en Cuba han encontrado en el activismo un escenario para crecer como personas y colectivo, visibilizar sus demandas y exigir sus derechos. Sin embargo, ese activismo sique a la zaga y menos visible en la comunidad de grupos y personas no heterosexuales del país.

"El activismo lésbico cubano está deprimido", considera Teresa de Jesús Fernández, filóloga de profesión y coordinadora de la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales asociadas al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
Aunque han desandado un camino para construir sus propios grupos de activistas, Fernández sostiene que las mujeres lesbianas son menos visibles, primero que todo, por la lesbofobia interiorizada. "Padecemos de una profunda lesbofobia, terror a ser señaladas, al estigma, a que murmuren, hablen, nos aparten, nos acosen…", expone como ejemplos.
Por una parte, asegura que pesan mucho la educación y socialización patriarcales, que destinan la calle para los hombres, y la casa y el cuidado familiar para las mujeres. "Las mujeres lesbianas crecen convencidas, también, de que hay dictados que les tocan como mujeres y, aunque se rebelen, terminan siendo parte igual de ese juego perverso", reflexiona.
Por esa doble discriminación como mujer y lesbiana, no se sienten reconocidas ni orgullosas de que se les represente. "No visibilizarte también te protege. Somos las primeras que tendemos a escondernos, tratamos de que se nos vea lo menos posible", apunta Fernández.
Por otro lado, el movimiento homosexual masculino sigue teniendo más fuerza y empuje. "El mundo sigue siendo un mundo de hombres y, hasta el activismo de las personas trans, que han padecido más y están en peor situación social, tiene más fuerza que el de las mujeres lesbianas", explica a SEMlac.
La historia del activismo lésbico es bastante reciente en esta isla del Caribe. El primer grupo de mujeres lesbianas del país, Las Isabelas, data de 2002 y nació en la oriental provincia de Santiago de Cuba, a más de 860 kilómetros de La Habana. Ese momento marca el momento de empezar a reconocerse como grupo social con derechos e inquietudes que atender.
De entonces a la fecha, suman 11 grupos de mujeres lesbianas y bisexuales en el país: Oremi en La Habana, Fénix en Cienfuegos, Labrys en Villa Clara, Caucubú en Trinidad, Las Ateneas en Ciego de Ávila, Gladiadoras en Camagüey y Venus en Granma. También han empezado a conectarse algunas mujeres de Pinar del Río, Las Tunas y Holguín.
En entrevistas con SEMlac, activistas de diferentes regiones del país reconocen que pertenecer a estos grupos les abre oportunidades para el crecimiento personal, el conocimiento, el intercambio y para establecer alianzas con otras mujeres lesbianas del país.
"A pesar de problemas y prejuicios, vamos saliendo adelante", estima Isel Calzadilla, fundadora de Las Isabelas. "Los grupos que se han formado, los encuentros y talleres nos ayudan a empoderarnos y a luchar por lo que somos y queremos", asegura a SEMlac.
La coordinadora de la red, Teresa de Jesús Fernández, acota que los talleres son fundamentales, pues "brindan sabiduría y conocimientos, les hace creer en posibilidades de transformación, las ayuda a trabajar y ya eso podría ser bastante fascinante como para querer ser activista".
A la vez, no pocas lamentan la falta de avances concretos en materia de derechos y visibilidad de las mujeres lesbianas, por lo que algunas abandonan los grupos y estos no logran superar la inestabilidad de su trabajo.
"A las mujeres lesbianas les cuesta mucho ejercer el activismo, estamos muy estigmatizadas", opina María Caridad Jorge, coordinadora de Labrys, en Santa Clara, a unos 275 kilómetros de la capital.
Jorge también señala que la falta de resultados ha hecho que muchas desistan y otras, como las jóvenes, no se sienten identificadas con el activismo que se quiere impulsar desde los grupos y la red.
"Mi reclamo es cambiar el concepto de matrimonio. Que no sea la unión entre un hombre y una mujer. Esa puede ser la apertura para lo demás: la reproducción asistida, la adopción. No tener que acostarme con un hombre, menos con un amigo, para tener un hijo", expone a SEMlac Raquel Fernández Garrido, de Las Ateneas, en Ciego de Ávila, al centro del país.
A ese tipo de reclamos se unen otros, como las visitas conyugales en prisiones y los derechos patrimoniales, de herencia y protección que se derivan del reconocimiento de las uniones del mismo sexo, como la posibilidad de obtener una pensión cuando fallece una de las integrantes de la pareja.
Se trata de demandas que se repiten en el tiempo, en los encuentros de las redes, aún sin resultados.
"Todavía la jornada cubana se llaman Jornada contra la Homofobia y la Transfobia, la palabra lesbofobia no está incluida", insiste Teresa de Jesús Fernández.
En su opinión, no puede asumirse que el término homofobia lo incluye todo, que vale para homogeneizar y homologar. "Lo que no se nombra, no existe; si no existe, no es un problema; si no es un problema, no hay que buscarle solución", fundamenta.
Las mujeres tampoco abundan en las imágenes de campañas y propagandas en torno al tema del activismo por la diversidad sexual y sus derechos humanos.
"No hay un solo plegable sobre mujeres lesbianas, no he visto todavía un plegable sobre salud que podamos adquirir. ¿Dónde están los libros de las mujeres lesbianas?, ¿dónde están los estudios médicos sobre nosotras?", se pregunta María Caridad Jorge, coordinadora de Labrys.
"Es importante la visibilidad, para que la mujer lesbiana que está en el closet se dé cuenta de que no está cometiendo ningún pecado, que lo que siente es normal", precisa Jorge a SEMlac. "Para que nos hagan la vida un poquito mejor", agrega. "No pedimos tanto, un poquito igual a la de todo el mundo", resume.

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Sara Más

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