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Nadie les preguntó a la entrada su preferencia o identidad sexual, pero las personas que acudieron la pasada semana al cine 23 y 12, en una céntrica calle de La Habana, sabían que allí encontrarían una propuesta particular desde la pantalla grande: los conflictos, verdades, mitos y amenazas que rodean la vida de homosexuales, travestis, transexuales y bisexuales.

Una reciente versión de la novela El Conde de Montecristo para la televisión cubana fue extremadamente fiel al original de Alejandro Dumas, menos en un pequeño detalle: la hija de uno de los enemigos del Conde se escapa con su novio en lugar de hacerlo con su mejor amiga.

Es noche de jueves en La Habana y en la pantalla de un televisor, ubicado en el Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH/sida, la relación homosexual ocurrida en el siglo XVIII, entre un joven negro y un marinero holandés, acapara la atención de los asistentes.

La comunidad médica cubana se aparta del tratamiento tradicionalista de la intersexualidad y opta por evitar la cirugía correctora de los genitales en los primeros meses de vida, como suele hacerse en un importante número de países desde mediados de la pasada centuria.

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