Por Marta María Ramírez

Alejandra es una joven cubana que quiere tener un hijo. Ella cuenta con lo más importante: el amor de su pareja, Gabriela; un buen trabajo y una casa propia donde vivir en familia.
Sin embargo, su deseo depende, más que de los avances de las llamadas técnicas de reproducción asistida, del reconocimiento del derecho a la maternidad de las uniones de mujeres del mismo sexo y solas.

El conflicto de Alejandra y Gabriela, contado en la pieza teatral De Hortensias y Violetas, de la dramaturga cubana Esther Suárez y montada por el director Nelson Dorr, ha dado vida al debate entre cubanos y cubanas sobre el libre acceso a la fertilización asistida, independientemente de la opción sexual, desde que se estrenó, el pasado 9 de marzo, en la capital cubana.

“Nunca he sentido un orgasmo”, confiesa Ariadna en voz muy baja, casi inaudible, tras cuatro años de vida sexual activa, marcados por el cambio frecuente de pareja.
“Una de mis mejores amigas me sugirió que me masturbara, incluso antes de buscar ayuda psicológica. Ella aún no ha tenido pareja sexual (¡Dice que no ha encontrado a su media naranja!) y habla frente a otros, sin pudor, de que se masturba. Pero eso no me tranquiliza”, comenta contrariada esta joven cubana que cree debe seguir en la búsqueda del hombre que “la haga sentir”.

A Belkis Salazar, una jubilada de 64 años, los prejuicios y las concepciones de su época juvenil le partieron la vida en dos. Hoy, cuando el mito de la virginidad es en Cuba algo del pasado, cree que las mujeres tienen una mejor oportunidad de ser plenas en su sexualidad, aunque hasta cierto punto.
“Como se esperaba en mi tiempo, fui virgen al matrimonio. No sabía nada del tema. Él prácticamente me violó y yo me preguntaba: dónde está la emoción y satisfacción de que habla la gente”, cuenta.

Las palabras no alcanzan para contar, o mejor sentir, todo lo que debió vivir el escritor cubano Nelson Simón antes de publicar su primer libro o poder pararse en un escenario y decir, con una valentía poco común en Cuba: “estoy aquí como artista y, sobre todo, como gay”.

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