Una reciente versión de la novela El Conde de Montecristo para la televisión cubana fue extremadamente fiel al original de Alejandro Dumas, menos en un pequeño detalle: la hija de uno de los enemigos del Conde se escapa con su novio en lugar de hacerlo con su mejor amiga.

Es noche de jueves en La Habana y en la pantalla de un televisor, ubicado en el Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH/sida, la relación homosexual ocurrida en el siglo XVIII, entre un joven negro y un marinero holandés, acapara la atención de los asistentes.

La comunidad médica cubana se aparta del tratamiento tradicionalista de la intersexualidad y opta por evitar la cirugía correctora de los genitales en los primeros meses de vida, como suele hacerse en un importante número de países desde mediados de la pasada centuria.

Lejos de lo que muchas personas todavía creen, el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del Sida, no excluye a ningún grupo humano, tampoco a las lesbianas.

 

Aunque los especialistas reconocen que la transmisión del VIH puede ser infrecuente entre mujeres que tienen sexo con otras mujeres, también advierten que no es raro que esto ocurra, si se piensa en la variedad humana, de prácticas sexuales, clases, nivel educativo y otras consideraciones que, en vez de hacerlas invulnerables, pueden acercarlas al riesgo de contraer y trasmitir la enfermedad.

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