Violencia y género, vitales en la comunicación

[26-11-2018]

No son pocas las brechas cotidianamente asociadas a los medios de comunicación y la reproducción, desde esos espacios, de imaginarios que sostienen la violencia de género.
De esa relación entre los procesos formadores de opinión y constructores de sentidos –que se generan desde la comunicación– y cómo estos refuerzan o desmontan la violencia, habla la periodista e investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes (GESJ) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Carolina García Salas, quien participó en una investigación comparada de imaginarios juveniles sobre la violencia contra las mujeres en ocho países de Latinoamérica y Caribe (El Salvador, Honduras, Guatemala, Bolivia, Nicaragua, República Dominicana y Cuba, más Colombia), en colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y OXFAM Latinoamérica.
“Se trata de un estudio que articuló a diversos actores sociales dentro y fuera del país, y en nuestro caso fue de singular importancia la colaboración de especialistas del Programa de OXFAM en Cuba y del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR)”, explicó García Salas.

¿Qué resultados fundamentales arrojó el análisis del papel de los medios en torno a temas como la violencia de género?
Partimos de reconocer que, a pesar de que estas organizaciones en Cuba tienen entre sus pautas esenciales de funcionamiento una perspectiva inclusiva y el encargo de educar y formar en valores a públicos críticos, son también espejo de tensiones entre el deber y un ser complejo y contradictorio.
Tanto la literatura consultada como especialistas que entrevistamos para el estudio coinciden en que las principales problemáticas están asociadas al lenguaje sexista, la poca visibilidad de la mujer como fuente válida de información, la carente diversidad y pluralidad en sus construcciones desde aspectos como el color de la piel, el territorio, la edad o las posiciones socioclasistas.
Estas debilidades toman forma en representaciones estereotipadas de la realidad, pero el análisis sobre el tema se complejiza en tanto influyen elementos de diversa índole, no solo asociados a la cultura y la historia de una sociedad patriarcal, sino a los procesos y normas que rigen el trabajo en los medios de comunicación: las rutinas productivas, las ideologías profesionales, las tradicionales divisiones del trabajo y la falta de pautas explícitas que orienten la labor editorial con perspectiva de género.
Sobre el tema específico de la violencia, personas expertas consultadas señalan que en los medios cubanos son más recurrentes las referencias a la violencia simbólica y psicológica, lo cual resulta positivo para concientizar a los públicos y revelar formas de violencia no reconocidas como tal. No obstante, es necesario lograr mayor representación de otras manifestaciones y prácticas violentas. A su vez, se refirió que la violencia de género es representada a partir de muchos estereotipos, sobre todo cuando se trata de la física.

¿Cuáles fueron las principales construcciones o imaginarios encontrados sobre la categoría género?
Como parte de la investigación, hicimos un breve análisis de contenido de los sitios web y las publicaciones en las páginas en redes sociales de un periódico y una revista cubanos, ambos destinados al público juvenil. Elegimos fechas concretas para realizar la observación: el Día de las Madres, el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
La cobertura mostró signos de concientización y crítica ante problemáticas como la violencia, e intentó desprenderse de construcciones estereotipadas y tradicionales sobre la mujer.
Sin embargo, algunos trabajos tendieron a reproducir estigmas globales: artículos sobre cómo diseñar postales y floreros, sobrerrepresentación masculina y división sexista en la cobertura a temas deportivos, abuso de símbolos tradicionales como las flores y la reducción del concepto de madre a la ternura y el sacrificio. Lo mismo sucedió con el reiterado paralelismo entre madre-mujer, que no deja espacio a una lectura de la maternidad como derecho, opción y decisión personal y la presenta cual destino inalterable de las mujeres.
De igual modo, observamos algunos productos comunicativos que circulan en “El Paquete Semanal” y que tienen como público meta a las y los jóvenes. En ellos fueron recurrentes las construcciones de género tradicionales y hegemónicas, así como la representación estereotipada de las juventudes: mujeres de entornos urbanos, en su mayoría blancas y heterosexuales; hombres seductores, fuertes, también citadinos.
El estudio permitió confirmar que en las construcciones de la mujer que reproducen los medios de comunicación masiva en Cuba influyen y convergen múltiples dimensiones: las políticas de inclusión social y empoderamiento femenino, las subjetividades e ideologías profesionales de las y los comunicadores históricamente socializados en una cultura patriarcal, la reproducción de códigos e imágenes universales, propias de un mundo cada vez más globalizado y tendiente a la estandarización y homogenización y, en medio de todo esto, procesos de crítica y resistencia.

¿Qué espacios son los más consumidos por la juventud y qué lugares ocupan en la prevención de la violencia?
La investigación también exploró los medios por los que se informan con mayor frecuencia las y los jóvenes. El más referido fue la televisión, seguido de las redes sociales, y los periódicos y las revistas ocuparon el tercer lugar.
Además, indagamos sobre el tiempo promedio que dedican a actividades relacionadas con los medios y aquí apareció en primer lugar la interacción a través de dispositivos móviles, en tanto ver televisión ocupó el segundo puesto y navegar por internet con la computadora y tableta fue la tercera opción.
Por otro lado, indagamos sobre los espacios en los que las y los jóvenes acceden a mensajes de prevención de la violencia contra las mujeres. El más referido fue la televisión nacional; seguida de las vallas, los afiches y folletos; y la escuela o la universidad, en tercer lugar.
Al preguntarles qué harían si tuvieran que diseñar mensajes contra la violencia hacia las mujeres, gran parte coincidió en el empleo de la música, en particular de los géneros más atractivos para estos grupos y de los videos clip; emplear el arte como herramienta; insertar los mensajes en la televisión y en las redes sociales; utilizar espacios públicos para hacer y visibilizar acciones; insertar mensajes en materiales de uso frecuente para estos grupos como libretas, agendas, bolígrafos, etc., entre otras propuestas.
Ello demuestra que es imprescindible diseñar estrategias adecuadas a los intereses y preferencias de las y los jóvenes, teniendo en cuenta sus hábitos de consumo, códigos, lenguajes y percepciones de la realidad. Asimismo, continuar profundizando en la imagen de la mujer que socializan los medios cubanos, cuáles comparten y cuestionan las juventudes y cuáles reproducen en sus prácticas cotidianas, en tanto hacedores de comunicación.

¿Cuáles son los desafíos de los medios de comunicación en este sentido?
Entre los principales retos se encuentra el de lograr una mayor diversidad en las representaciones de la violencia hacia las mujeres, en diálogo con dimensiones como el color de la piel, generaciones, territorio, clases, etc.; además de pensar productos comunicativos que visualicen los distintos tipos de violencia e inviten de manera creativa a la reflexión crítica sobre estos temas. Para ello, resulta imprescindible concebir una política en la que el género sea transversal a todo el sistema de comunicación del país, que regule y potencie construcciones cada vez más plurales de nuestra realidad.

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De la redacción

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