Televisión cubana: ¿ni para “viejas” ni para “negras”?

Por Mayra García Cardentey. Especial para SEMlac [03-07-2018]

Si se hiciera un estudio demográfico de la programación de la televisión cubana arrojaría como definición que la isla es un país de mujeres y hombres blancos, jóvenes y en su mayoría bien parecidos. Si ese mismo estudio realizara un análisis más profundo, tendría como resultados una televisión ajena a un proceso de creciente mestizaje y, sobre todo, de espaldas a la realidad de una nación inmersa en un acelerado proceso de envejecimiento.

Pero la televisión cubana es eso: televisión. Y tal parece que desconoce, a propósito o inconscientemente, casi más la primera, que la Mayor de las Antillas es más plural y compleja que las propuestas audiovisuales que proponen.

En ese contexto: ¿cómo explicar que menos del cinco por ciento de las decenas de programas del sistema televisivo público aborden el tema del envejecimiento? ¿Cómo explicar estas ausencias en el audiovisual cubano en un país donde el 20 por ciento de su ciudadanía supera los 60 años? ¿Cómo puede la televisión cubana ayudar a construir una nueva realidad en la que la isla será uno de los dos países más avejentados de Latinoamérica para el 2030?

Televisión cubana en clave etaria

Según los últimos datos ofrecidos por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) de Cuba, de los poco más de 11 millones de habitantes residentes en la nación, suman 2 219.784 las personas con 60 años o más. En la cifra predominan las mujeres, donde representan 52 por ciento aproximadamente.

Visto así: ¿cómo es posible que apenas tres programas son dedicados a la tercera edad, de los más de 150 que existen en los cuatro canales nacionales de producción propia? En ese sentido, la cuestión radica no solo en saber si las personas mayores son objeto-sujeto de la televisión nacional; si no cualificar si existe relación entre presencia audiovisual y peso demográfico; y vislumbrar críticamente si se corresponde el grado de realismo con el cual se representa este grupo.

Como parte de los programas sobresale Vivir del cuento, entrega humorística de gran popularidad en la isla que desmitifica la ancianidad, y desde la comicidad se acerca a temas nacionales mirados desde este prisma. Con mayores y menores aciertos, propone polémicas sobre aspectos acuciantes para este grupo etario, como los bajos ingresos por la jubilación, el abandono y las enfermedades.

No obstante, es también el programa de marras reflejo de discriminación hacia las mujeres mayores. Solo tiene una entre los seis personajes principales: Evarista; y en muchos casos se le presenta de forma estereotipada e irónica.

Entre otras opciones también figuran 60 y + y Vivir 120, ambos en el Canal Educativo 2, y con un destacable tratamiento a tópicos afines.

Género, demografía y televisión

A ello se suman entregas de temáticas femeninas como Cuando una mujer, que se acercan, con frecuencia, a dilemas femeninos, siempre desde una perspectiva de género y con una mirada reflexiva y de inclusión.

Por otra parte, figuran diferentes entregas televisivas, que si bien no contienen materiales dirigidos a este rango de edad, sí contemplan un perfil de repositorio audiovisual atractivo para este tipo de público como el musical Lo bueno no pasa, Historia del Cine, Cine del ayer y

Contra el Olvido.

Otros espacios, aunque no están dirigidos a estos públicos, tienen entre sus audiencias tipo a las personas mayores como Entre amigos y Palmas y Cañas, según refieren encuestas de audiencia. Sin embargo, son insuficientes las opciones, incluso hay trasmisiones como las del Canal Educativo que prescinden completamente de propuestas dirigidas a este grupo meta.

Este análisis cuantitativo muestra la existencia de un descuido en los canales audiovisuales públicos y en general, hacia un rango etario vital para la actual dinámica del país. La televisión nacional desconoce, de forma proporcional, lo que representa la tercera edad para Cuba.

Tal pareciera que incluso existe un olvido, entendido esto como poco interés, hacia un público al cual dirigir mensajes y programas flexibles y dinámicos.

Ellas, las excluidas

El protagonismo de los relatos colectivos mostrado en el audiovisual en Cuba recae en una única franja de edad. En contadas ocasiones, salvo las novelas y desde formas muy estereotipadas, comparten experiencias con personas mayores.

Y ellas tienen la mayor omisión. Con frecuencia las tramas en las propuestas de ficción muestran una decadencia física en las mujeres mayores; en pocos casos vislumbran una vida intelectual activa y una jubilación creativa en ellas cuando superan los 60.

Ni hablar de las series de ficción, como teledramas y novelas cubanas, donde no representan ni uno de cada diez personajes. En la mayoría de los argumentos se muestra a un grupo homogéneo de mujeres, donde supuestamente solo vivencian el reto de la jubilación, o como familiares en tramas subalternas de algunos de los personajes principales.

Tampoco son escasas las ocasiones que la tercera edad femenina es vista exclusivamente desde papeles de consejeras expertas y protectoras de familia. Se obvian, de esta forma, los conflictos sociales y personales propios de esta etapa de la vida.

En el análisis sería justo mencionar que existen algunas, contadas, campañas de bien público dedicadas a esta franja generacional, aunque los enfoques pueden ser perfectibles. Pero, en una visión general, la televisión cubana “ningunea” a las personas mayores, particularmente a las mujeres. Esas miradas sesgadas afianzan una percepción negativa o cuando menos limitada del envejecimiento femenino.

Pero puede ser aun peor. Los resultados en cuanto a la presencia de mujeres mayores en los canales públicos, teniendo en cuenta su color de piel, nos indican que mayoritariamente solo se muestran a las blancas. Si bien este grupo etario es abordado de forma ineficiente; en el caso de las mujeres son doblemente discriminadas: por viejas y por negras.

La edad, por tanto, se convierte en un elemento discriminador general, acompañado del sexo y el color de la piel. Sin embargo, a diferencia de estos dos últimos, la discriminación social por edad, a menudo no se reconoce.

Esta representación inadecuada o insuficiente afecta la autoimagen de mujeres y hombres, e inciden en las actitudes sociales hacia este grupo de edad. La televisión cubana debe sobrepasar este estadio en el cual mira a las adultas mayores de reojo, como marionetas o símbolos, arquetipos obsoletos según las dinámicas actuales.

Necesarios serían entonces enfoques más concretos donde se represente a esta franja social cada vez más activa, más sexual, y sobre todo, más presente.

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