Empujones, pellizcos o jalones de pelo; prohibiciones acerca de qué ropa llevar o cómo arreglarse el pelo están presentes en los noviazgos entre estudiantes universitarios cubanos, según diversas investigaciones realizadas en los últimos años. La doctora en Sociología Magela Romero Almodóvar, autora de algunas de ellas, comprobó además que estos mecanismos de control se van trasladando también a los espacios digitales, de las tecnologías y las redes sociales. En el fondo, a juicio de esta experta, subyace la persistencia de estereotipos de género que llevan a las muchachas a posiciones de subordinación en relación con los hombres y, a menudo, a ser víctimas de maltrato.

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Martes, 16 Junio 2015 09:46

Señales detrás del amor

Quizás de un modo menos evidente y más naturalizado, la violencia hacia las mujeres por motivo de género también aflora entre la juventud, incluida la que cursa estudios en la enseñanza superior.

“En el contexto universitario la violencia suele ser más sutil, pero eso no quiere decir que no exista”, asegura a SEMlac la psicóloga y máster en Ciencias Libia Quintana Llanio, profesora del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana.

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Con flores, poemas y mimos se idealizan los amores de juventud. Sin embargo, en la etapa del noviazgo pueden aparecer sutiles manifestaciones de violencia machista que auguran, para las mujeres, daños psicológicos o físicos más graves en el futuro.

Investigaciones recientes de la socióloga cubana Magela Romero con estudiantes universitarias cubanas advierten que el ideal romántico del amor y la búsqueda del "príncipe azul" siguen vigentes y funcionan como mitos sobre las relaciones de pareja.

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"Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima."
Alie Wiesel (1986)

La violencia de género, o la amenaza de ella, es un problema social que adquiere disímiles manifestaciones, todas sustentadas en la limitación de la vida de hombres o mujeres, y la restricción de sus respectivas libertades de movimiento o palabra; siendo este un hecho que socava la integridad y dignidad humana, así como otros de los derechos inherentes a la persona natural.2 La forma bilateral en la que se manifiesta supone la presencia de dos partes, la que ejerce el poder y la que lo recibe, sin obviar que esta relación no siempre se ejerce de forma unidireccional.

Vale la pena enfatizar, que "la subordinación entendida como una relación de poder, supone no solo el sometimiento y control, sino que incluye además la posibilidad de ofrecer resistencia o romper el ciclo de la violencia."3

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