Cuando estaba por terminar la universidad, durante mis clases de producción de televisión, mi profesor me dijo que yo jamás podría estar en frente de las cámaras. ¿La razón? Para hacerlo tendría que tener los “atributos” de dos de mis compañeras de clase que se encargó de señalarme con gran detalle: piel blanca, cabello rubio y grandes ojos verdes. Me enfadé y, pese a todos mis argumentos, me dijo que los medios de comunicación quieren “gente bonita”. Aquél comentario era solo la punta del iceberg de una cruda realidad que afecta a millones de mujeres en el mundo: los estereotipos de género.

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