“Yutubero”, “tkm”, “wasap” son solo algunos los nuevos términos aceptados por la Real Academia Española en su primer manual para “escritores digitales”, presentado hace muy pocos días. Y en línea de su rancio conservadurismo rechazó el uso de todes, tod@s o todxs como forma de lenguaje inclusivo.
Este tipo de pronunciamiento de la RAE por el lenguaje inclusivo no es nuevo, ya se sabe, y se suma a los dichos de su director, Darío Villanueva: "El problema es confundir la gramática con el machismo". Sin embargo, el foco es erróneo. Lo que la RAE no ve y lo que Villanueva ignora es que el lenguaje inclusivo no apunta al cambio gramatical sino que fija una postura política.

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Lunes, 07 Enero 2019 17:55

Machismo y medios: lo peor de 2018

El año de la huelga feminista y de la sentencia de La Manada, el feminismo ha rugido para denunciar el contexto que permite la violencia sexual. Mientras tanto, muchos medios se han sumado a esta “ola” con figuras como la redactora jefa de género de eldiario.es, una mesa especializada en EFE o la corresponsalía de género de El País.

No hay dudas sobre un hecho: si algo ha puesto de manifiesto este 2018 con #LasPeriodistasParamos, es que en todas las redacciones hay una periodista a la que no le da miedo decir que el periodismo, si pierde el foco de los derechos de la mujeres, solo podrá apuntalar la desigualdad.

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Martes, 18 Diciembre 2018 17:33

Insumisas, más allá del filme

Las insumisas no creen en figuras autoritarias ni sometimientos. Firmes a sus ideales progresistas de equidad de género y superación personal, son fuertes de espíritu y creen fielmente en el bien común a partir del derrumbamiento de las ideologías patriarcales.
Que una mujer se pare, alce su voz, exprese su parecer y mantenga su posición, sosteniéndose en pie ante injusticias y dominaciones sociales, son acciones que en el mundo entero han tenido una manifestación paulatina en la contemporaneidad. Para ello han sido cardinales, en tiempos más recientes, campañas como #MeToo o #TimesUp, que en los últimos años han acompañado las experiencias de abuso de mujeres de muchos países.
Pero no sucedía así en el siglo XIX. El apoyo era de menor magnitud o apenas inexistente. En aquella época, la mujer y lo que representaba giraban en torno al hombre como centro del mundo, quedando ella en un segundo y hasta tercer plano.

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He vivido en varias ocasiones que al poner fin a una relación sentimental o sexual, esta derive en una situación de acoso insufrible. Al menos dos veces pasé un miedo terrible y en una tercera necesité un médico. Leo historias de violencia contra las mujeres en los periódicos y, junto con mis experiencias, me doy cuenta de que gran parte del género masculino tiene un problema muy grave con torear la frustración que le supone una ruptura amorosa. Recuerdo Cat Person, el relato del New Yorker, y la infinidad de veces que en películas y series una negativa inicia una conversación que acabará con un “zorra”, “puta” o “fea que te has creído, no te toca nadie ni con un palo”. Son líneas de diálogo que escriben otros hombres, que se basan en las realidades que viven o en las que se han visto y por eso lo plasman así.

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Femgarabat es el colectivo artístico formado por Susana Carramiñana (socióloga y dibujante), Bea Aparicio (dibujante y profesora) y Janire Orduna (ilustradora y diseñadora). Eligieron el barrio San Francisco de Bilbao para compartir las experiencias del proyecto y las potencialidades del relato gráfico feminista. Para ello mostraron las dos iniciativas que que han llevado a cabo en vinculación con otros proyectos feministas que están documentando la memoria de las mujeres en los barrios: Vecinas, de Andrea Momoitio e Histeria Kolektiboa, mediante el periodismo y la performance, y PROYECTO ELLAS de Ainhoa Resano y Savina Lafita Solé, basado en los archivos fotográficos.

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Viernes, 09 Noviembre 2018 22:33

Intersecciones de comunicación y género

“En el entorno académico cubano antropólogos, historiadores, psicólogos y sociólogos encabezaron el interés profesional a la hora de promover estudios con enfoque de género. Paulatinamente, otras disciplinas se han sumado a ese interés y entre ellas sobresale, sobre todo en la última década, la Comunicación”[1].

Un acercamiento a la investigación en comunicación y género producida en La Habana entre los años 1990 y 2017 conduce su caracterización atendiendo al comportamiento teórico-metodológico, las condiciones de producción y las particularidades de sus resultados.

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El sociólogo Pierre Bourdieu sentenció sabiamente que “las feministas necesitan una revolución simbólica”. Abocadas a construir ese otro mundo de relaciones, a trastocar los signos de la opresión y edificar una sociedad justa, hemos asumido la disputa del escenario público y mediático no solo para denunciar la opresión de las mujeres, la desigualdad e injusticias que genera el patriarcado, sino también para construir otros significados y nuevas maneras de decir.

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Ponerse las gafas violetas… Esa fue la expresión que usó Gemma Lienas en su libro “El diario violeta de Carlota” para referirse a lo que hizo la protagonista de sus páginas: colocarse un filtro diferente para observar el mundo. Animada por su abuela, Carlota se coloca las gafas y descubre que las realidades cotidianas que le parecían incuestionables ahora le resultan injustas. Como a ella, le ocurrió a las cinco protagonistas de este texto: se pusieron las gafas y ya no hubo marcha atrás.

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El quehacer fotográfico ha estado históricamente marcado por la prevalencia de la cultura hegemónica patriarcal. Esta ha sido una práctica que, a través del lenguaje artístico, ha reflejado la fuerza de un sistema de dominación machista que ubica a las mujeres, y a lo femenino en sentido general, en una posición de vulnerabilidad total en tanto les invisibiliza, excluye, ridiculiza y oprime haciendo alusión a lo tradicionalmente “bello”.

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Los tiempos son importantes para el feminismo. El 26 de abril de 2018 conocimos la sentencia a “La Manada”, 9 años por un delito de abuso sexual en lugar de los 24 años que pedía la Fiscalía. El juicio se desarrolló cinco meses antes, por una violación sucedida en 2016[1]. Unas horas bastaron para que el movimiento feminista organizara en las grandes ciudades españolas concentraciones que gritaron un “yo sí te creo” unánime. Pocos días después apareció el hashtag #Cuéntalo y las redes sociales se inundaron de miles de testimonios personales contando agresiones y episodios misóginos.

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