Reconocer las diferencias entre hombres y mujeres y aceptarlas es una condición esencial para eliminar las inequidades de género, a veces invisibles, que existen en espacios laborales y empresariales cubanos.

Esa conclusión resume muchas de las reflexiones del taller "La gestión del capital humano en la empresa con perspectiva de género", organizado la pasada semana en La Habana por especialistas de la Empresa de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (GECYT).

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Promover igualdad de oportunidades y derechos para mujeres y hombres sigue siendo un desafío para el sector empresarial cubano, donde se busca seguir promoviendo a las mujeres en espacios de poder y tradicionalmente masculinos.

El tema demanda de enfoques en leyes, programas y acciones sectoriales que tengan en cuenta la equidad, pero también de un cambio de mentalidad y de seguir desterrando juicios anclados en la cultura patriarcal, trascendió durante el taller "Construyendo equidad: estrategias para el cambio", convocado a inicios de abril por la empresa Gestión del Conocimiento y la Tecnología (Gecyt).

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La ausencia de una real perspectiva de género en el sector empresarial cubano fue punto de partida para un novedoso proyecto comunicativo que busca promover reflexiones colectivas en el camino de construir relaciones laborales más equitativas entre mujeres y hombres.

Mujeres emprendedoras nació en abril de 2013, gracias a los esfuerzos combinados del Servicio de Noticias de la Mujer de América Latina y el Caribe (SEMlac) y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (Aecid). Exactamente un año después se aprecian las primeras ganancias, pero también se constata la magnitud de los desafíos hacia el futuro.

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Especialistas y personal del sector empresarial cubano coincidieron en la necesidad de promover una mayor equidad entre mujeres y hombres en el ejercicio de sus funciones a todos los niveles, así como los conocimientos necesarios para ello.

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Lunes, 23 Abril 2007 00:00

Historias tejidas a mano

“Si no hubiera sido por la Hermandad, no sé que hubiera sido de nosotras. Surgió en 1994, en momentos difíciles, de carencias materiales y de alimentos, la pensión no alcanzaba”, cuenta Dulce María Acosta, de 69 años.

Dulce es una de las 35 integrantes de la Hermandad de Bordadoras y Tejedoras de Belén, en La Habana Vieja, un proyecto social comunitario creado por la Oficina del Historiador de la Ciudad y que agrupa a amas de casa y jubiladas.

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