Lenguaje inclusivo: Visibilizar es politizar

Por Norma Loto. SemMéxico [07-01-2019]

“Yutubero”, “tkm”, “wasap” son solo algunos los nuevos términos aceptados por la Real Academia Española en su primer manual para “escritores digitales”, presentado hace muy pocos días. Y en línea de su rancio conservadurismo rechazó el uso de todes, tod@s o todxs como forma de lenguaje inclusivo.
Este tipo de pronunciamiento de la RAE por el lenguaje inclusivo no es nuevo, ya se sabe, y se suma a los dichos de su director, Darío Villanueva: "El problema es confundir la gramática con el machismo". Sin embargo, el foco es erróneo. Lo que la RAE no ve y lo que Villanueva ignora es que el lenguaje inclusivo no apunta al cambio gramatical sino que fija una postura política.

De tanto en tanto la RAE se pronuncia en contra de la utilización del lenguaje inclusivo y argumenta que no se debe perder la economía de lenguaje, que no se puede ir contra la gramática, etc. Sin embargo, el español es una lengua viva y una de las características de los signos lingüísticos es que con el paso del tiempo pueden alterarse y así aprendimos sobre su inmutabilidad y mutabilidad.
De todos modos, poco importa la postura de una institución que camina muy atrasada frente a los cambios sociales, más bien lo que preocupa es el festejo revanchista de un sector de la sociedad que ven en lenguaje inclusivo una de las tantas “confusiones” de la agenda feminista. “Porque encima de cuestionar la maternidad, también se meten con el lenguaje”, como escuché decir a un colega.
Pero, ¿qué tiene que ver el lenguaje con un cambio social? La respuesta es de doble entrada ya que de acuerdo a la percepción que tenemos de la realidad podemos cambiar el lenguaje. Y, a la vez, con un lenguaje que represente a la totalidad de la humanidad y de manera igualitaria, se puede cambiar la percepción de la realidad.
Por lo tanto, el lenguaje inclusivo apunta a un efecto social, es así. No se puede desconocer este contexto histórico de la cuarta ola del feminismo donde el lenguaje inclusivo está tomando más fuerza a través de la creación de sentido en las redes sociales y en los medios tradicionales, que para bien o para mal lo colocaron en agenda (porque de la burla también sacamos frutos). La “e” del lenguaje inclusivo cobró sentido público en las trincheras de las calles argentinas donde millones de mujeres pedimos por la legalización del aborto. Tampoco se puede desconocer el protagonismo de la juventud y su creatividad para el uso de la “e”.
Aún en construcción
Hace casi cuatro décadas que el feminismo hizo del lenguaje un terreno por el que había que batallar y se valió de mucha creatividad. Porque lo que no se nombra no existe y empezamos a nombrarnos con la “a”. Luego, algunas (no todas) disidencias sexuales buscaron en la “e” una representación. Y la “e” también incluiría a las que éramos nombradas con “a” y estaríamos contempladas en: “todes”. Pero, no fueron (y no son) pocas las feministas que se han pronunciado a favor de la ´a´ para seguir nombrando a las mujeres. “Que la ´a´ que tanto costó conseguir y que aún no está del todo asimilada en los discursos no se pierda. “Que la ´e´ no se convierta en invisibilizadora de nosotras”, dice a SemMéxico Carolina L. una docente inclusiva.
Cristian Oscar Prieto es periodista con visión de género y refiere a SemMéxico que “ningún tipo de lenguaje puede invisibilizar a nadie. Si la ´a´ no me presenta, utilizo la ´o´ o la ´e´”. Prieto alude también a la economía del lenguaje y dice que “si hablamos de generalidades es bueno utilizar la “e”. En cambio, en mi caso, cuando escribo aplico el asterisco y es preferible ese uso ante que la gran invisibilización que implica la ´o´”.
El debate puede ir más lejos porque hay quienes observan que la “e” no es tan ingenua porque, por ejemplo: presidente o gerente no aplica para mujeres ni disidencias, solo vale para varones. Hay diferentes posturas y en medio del fragor por nuestros reclamos estamos aún deconstruyendo y construyendo pero sin dogmas.
Características del lenguaje inclusivo
El lenguaje siempre fue un terreno de disputa de poder y el lenguaje inclusivo traspasa la gramática y las normas aprendidas, porque:
• implica empatía: es decir que tenemos la oportunidad de hacer sentir a otras personas que existen. Traspasa el binarismo, la heteronorma y busca que las palabras representen a la realidad completa.
• implica una postura política: porque nuestra lengua no es neutra ni ingenua porque sigue empeñada en ser promotora de ginopia y co-constructora de un “orden” injusto y caduco.
Entonces, el lenguaje inclusivo es una cuestión política porque denuncia y evidencia lo que se dio como normal.
A la vez, que en lo personal me molesta cuando se refieren al lenguaje inclusivo como lo políticamente correcto porque no lo es. Es que la “corrección” puede ser policíaca y encorsetada. En cambio, la propuesta de un cambio político en el lenguaje es una disrupción a lo normativo, a lo que se asume como “correcto”.
Hay que seguir subrayando que el feminismo no impone a nadie el uso del lenguaje inclusivo y la RAE tampoco puede decirnos como utilizar el habla. ¿Puede la RAE pedir que se consulte un diccionario antes de hablar?, ¿puede la RAE censurar que una joven diga frente a una cámara de TV en medio del fuego por el debate que se dio en Argentina por la legalización del aborto, que “a les diputades indecises queremos demostrarles que nos va a pasar por al lado que sigan muriendo mujeres? No, no puede.
El lenguaje inclusivo no es una cuestión gramatical, es una práctica que la militamos para hacernos visibles. Y, visibilizar es politizar. En eso estamos, politizando.

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