Las nuevas tecnologías “modernizan” viejos actos de violencia

[29-11-2018]

Los celos y el control, viejas formas de violencia a menudo solapadas tras la naturalización y el mito del amor romántico, toman nuevos rostros en una sociedad global caracterizada por el uso invasivo de la tecnología.
Emergen formas sutiles o encubiertas de control bajo las llamadas “pruebas de amor” que incluyen desde pedir-exigir a la pareja contraseña de Facebook o de cualquier otra red social, hasta eliminar contactos, revisar el celular, controlar el correo electrónico e incluso “solicitar” que compartas tu ubicación a través de Whatsapp u otra cuenta en la red de redes.

Estamos ante una forma de violencia psicológica que gana terreno en la cotidianidad de nuestras sociedades “conectadas”, sobre todo entre las personas más jóvenes y que, al igual que otras muchas manifestaciones de violencia, afecta en mayor medida a las mujeres. Sobre el tema reflexiona Mayra García Cardentey, periodista, Máster en Desarrollo Social y directora de la revista universitaria Alma Máter.

¿Las nuevas tecnologías son un espacio donde puede prolongarse también la violencia de género?
En el entorno tecnológico se reproducen los mismos prejuicios, creencias e imaginarios que sostienen la violencia de género en los entornos cotidianos y más tradicionales. Es apenas otro soporte donde se desarrollan dinámicas sociales que embeben de la estructura patriarcal tradicional.
Las nuevas tecnologías de las comunicaciones y la información apenas vienen a modernizar un problema de siempre. El control hacia las relaciones sociales de las mujeres ha sido un dilema ancestral que, con la aparición de Internet, se expone en otras variantes, que incluso confunden y pudieran parecer signos de no violencia. Por ello la necesidad de alertar, educar, formar una ciudadanía crítica capaz de identificar cuándo está siendo violentada o acosada. He ahí el principal reto.

¿Cómo se expresan estas formas más sutiles de violencia?
En que las parejas compartan sus perfiles y contraseñas de redes sociales como un signo de confianza, cuando apenas es un disfraz de control. Cuando monitorean, pesquisan y cuestionan las interacciones en los muros de su pareja, cuando se limita cuáles amistades aceptar, con quiénes socializar. Cuando, incluso, controlan los celulares de su pareja, sus correos. Y el fenómeno sobrepasa las relaciones íntimas.
En este escenario, el acoso asume nuevas dimensiones desde las redes sociales, cuando hay quienes asedian el “muro” o perfil de mujeres y les dejan invitaciones y mensajes provocativos, entre otros.
Si bien en tiempos precedentes las demostraciones de amor se relacionaban con iniciaciones sexuales u otras formas de este tipo; hoy se traducen en dar las claves para el control de las redes sociales. En algunos casos también se extrapola a grabar vídeos caseros en actos amorosos, que después se pueden convertir en mecanismos de chantaje, amenaza y control. Como decía anteriormente, las nuevas tecnologías solo modernizan actos de violencia que existen ancestralmente. Con la mera diferencia de proponer otras formas y soportes.

Ciberacoso, pornovenganza, sexting*, ciberbullying, grooming**, son fenómenos de la red de redes. ¿Escapa Cuba a ellos?
No lo creo. De hecho no han sido pocos los vídeos virales con imágenes eróticas de parejas que luego de terminada la relación deciden difundir el audiovisual a modo de venganza. Esa ha sido, creo yo, la modalidad más extendida: la pornovenganza.
El ciberbulling se aprecia, pero en menor medida; al igual que el ciberacoso, lo cual se debe esencialmente a temas de conectividad. Igual son apreciaciones personales, sin un basamento científico, porque son temas poco estudiados desde la academia, aunque existen varios trabajos comunicativos realizados al respecto.
Analizar e investigar el contexto específico cubano es una necesidad, no podemos estar de espaldas a estas realidades, máxime en una sociedad que aspira a una mayor informatización. Pero sobre todo hacer propuestas, porque a menudo en temas de género se hacen muchos estudios y pocos instrumentos o herramientas concretas, incluyendo las legislativas.
En Cuba el escenario se torna más complejo; porque si bien no existen fenómenos en grandes dimensiones, es un hecho que el país no tiene una legislación acorde, mediante la cual penar estos delitos. La ausencia de un enfoque de género en las leyes cubanas también atraviesa los delitos informáticos, por lo cual no existen mecanismos efectivos para castigar a quienes delinquen en actos como la pornovenganza y el ciberacoso.

¿Qué estrategias seguir para la prevención?
En nuestro país estamos en la etapa todavía de descubrimiento de Internet y las redes sociales. Cuando apenas hace dos años la ciudadanía comenzó a interactuar con los entornos digitales, ni las instituciones educativas ni culturales tenían —y creo que todavía no tienen— las herramientas para educar a la ciudadanía en una usabilidad responsable de las nuevas tecnologías.
En función de ello, debemos perfeccionar los currículos escolares y las acciones comunitarias e institucionales que se puedan realizar ahora y en un futuro. También dinamizar las acciones comunicativas dirigidas a jóvenes, que sean actualizadas y atractivas, en cuanto a mensajes y soportes.

* Sexting: anglicismo que se refiere al envío de mensajes sexuales, eróticos o pornográficos, por medio de teléfonos móviles.
** Grooming: forma en que un adulto gana la confianza de niños y adolescentes para conseguir concesiones sexuales, a través de Internet.

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De la redacción

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