La Habana: Capital de la Reflexión Mediática

Sara Lovera* [29-01-2011]

La intervención de la sociedad y de las mujeres en los medios de comunicación de masas es ahora un tema candente. De la comprensión y el conocimiento de lo que sucede en los medios, cómo los miramos y de qué manera estamos probando su influencia, va a depender la manera como hagamos intervenciones adecuadas, estratégicas y con resultados efectivos.

Este es el hilo central propiciado en los encuentros, sobre género y comunicación, que cada dos años se realizan, desde hace 16, en La Habana, Cuba.

Organizados por la Unión de Periodistas de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación Cubana de Comunicación Social, celebramos el VIII Encuentro Iberoamericano, del 26 al 28 de mayo de 2008, en la capital de la isla.

Ahí se debatieron las interacciones entre los medios, susactores y actoras, sus empresas y las propuestas alternativas,al ritmo de las políticas públicas en pos de una sociedad capaz de acortar las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres.

El VIII encuentro, en el que participaron personas, asociaciones y comunicadoras y comunicadores de 13 países, permitió mirar algunos de los avances más significativos en materia de análisis de los medios. Pero no solamente, en esta ocasión, se tomó la decisión de mirar cómo y desde donde se está actuando para enfrentar al monopolio mundial de los medios y las realidades y acciones  concretas por país.

La trascendencia de ello no es solamente volver a reconocer que los medios de masas construyen perfiles humanos, simbólicamente determinan o no conductas frente a la realidad, que son, en esencia, misóginos y poderosos controladores de ideas y conocimiento, sino cómo nos  posicionamos frente a ellos y qué estamos haciendo, en sociedades de transición democrática, de fortalecimiento de la perspectiva de género y el necesario intercambio de ideas y propuestas  integrales para avanzar en esta tarea.

Desde mi perspectiva, la inmensa cantidad de presentaciones y debates dejaron claro que nunca como ahora contamos con una geografía precisa de cómo está influyendo el poder de los medios; cómo éstos se han constituido en una palanca fundamental de los distintos poderes, de quiénes detentan los medios de masas, cuál es su orientación y de qué manera están influyendo en el proceso de globalización social y económica, a favor del mercado. Cuestiones que, como documentó profusamente la periodista cubana Isabel Moya[1], directora científica del encuentro, se han logrado desentrañar por las y los estudiosos en las últimas décadas.

Pero quizá lo más importante es cómo se enfrenta esta realidad.

Desarmando discursos

Isabel Moya lanzó preguntas fundamentales durante el encuentro. Descarnó el doble discurso de los grupos de poder, para que las y los comunicadores podamos actuar.Ella se preguntó, de fondo:

  • ¿Pueden diseñarse políticas públicas tendentes a lograr cohesión social que ignoren la existencia de procesos culturales que desde lo simbólico proponen todo lo contrario?
  • ¿Es suficiente con postular políticas antidiscriminatorias, cuando el discurso mediático reproduce la discriminación y la valida desde la jerarquía que su posición le concede en la sociedad?
  • ¿Basta con aprobar una ley que sancione la violencia de género cuando la publicidad continúa presentando a la mujer cosificada y fragmentada?

Se trata de un desafío global y abarcador. Porque lo que puebla al mundo es la violencia institucional.

La guerra, como divisa primordial, que impide la cohesión social en el orden de la inclusión/exclusión, la distribución de la riqueza, la existencia de brechas de todo tipo (de acceso a los recursos, a la toma de decisiones, digital, de zonas geográficas, entre otras).

Un examen, por ejemplo, de lo que se reproduce en el aula, en la educación, muestra cómo se

reproducen los referentes identitarios. En muchos países hay un desbalance entre lo que sucede en la escuela y lo que establecen las políticas públicas como ideal.

Lo mismo sucede dentro de la familia, en las acciones sociales, en los conglomerados laborales; en el cine y las manifestaciones de la cultura. Se obvia la historia, no se rescatan debidamente los quehaceres de nuestra genealogía femenina, humana y social. Se abordan tímidamente estos enfoques, todavía.

Superar las estadísticas

Ya no se trata únicamente de las demostraciones estadísticas: “Solamente el 10 por ciento de las noticias en todo el mundo tiene a mujeres como foco central.

Aparecen como figuras centrales en los tópicos suaves y solamente con un tres por ciento de los artículos sobre economía y el ocho por ciento de artículos sobre política y gobierno. Las noticias que destacan la igualdad de género solamente constituyen un cuatro por ciento”, resultado de los análisis de contenido devastadores[2]

Se trata además de un reto mediático.

Los debates nos implicaron, a quienes participamos, porque lo que buscamos es “propiciar caminos

paralelos que enfrenten la brecha del hambre, de la legislación, del sexismo, el racismo, la educación y el acceso a los medios”, con una mirada profunda que nos permita interrelacionar discursos políticos con realidades.

Es clara, y esta es quizá una de las enseñanzas del encuentro reciente, la necesidad de propiciar un sistemático proyecto de intervenciones eficaces, que produzcan un balance futuro, entre los grandes consorcios mediáticos y las voces de la sociedad, que en América Latina están despertando.

También aparece la toma de conciencia sobre el papel de los medios, de sus actoras y actores; la sociedad que accede aceleradamente a las carreteras de la información y a la experimentación de nuevas formas de construcción de mensajes de todo tipo, de los productores de cine, de las creadoras y creadores de mensajes, y también de quienes desde lo gremial, en redes o espacios, se están comunicando con la gente. De publicistas conscientes y de grupos sociales que deberán acercarse a los medios, desde un lugar de solidaridad y alianza.

Medios más humanos

Existe, según las narraciones de los participantes, un nuevo escenario, propiciado por la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación. Los espacios están ahora en disputa muy clara.

Un ideal, también propuesto en nuestras discusiones, es generar un proceso real de pluralidades, frente a la uniformización informativa, simbólica, de imaginarios sostenidos continuamente. Es propicio que se “expongan historias propias -de cada uno de los géneros, de las regiones, de los grupos sociales- que permitan a la vez participar activamente en el debate social, en lo que algunos reivindican como ciudadanías culturales, sostuvo Moya.

Probablemente ello propiciaría la aplicación de las políticas públicas incluyentes.

Otro gran desafío, planeado ahí, fue cómo superar el envío de mensajes, donde se rompa el aislamiento de medios frecuentemente elaborados para apoyar tal o cual medida, tal o cual política.

Por ejemplo, las campañas mediáticas contra las personas sin techo en Brasil; contra la guerra, desde las primeras décadas del siglo pasado; o esta sensación de que hemos logrado colocar a la violencia contra las mujeres como una tara social, un delito y algo funesto.

Parece que no es suficiente. Necesitamos una verdadera transformación de la orientación del contenido de los medios. Moya lo definió como la reconfiguración de las prácticas textuales de manera que potencien la heterogeneidad cultural y propicien los cambios verdaderos. Humanizar a los medios nos toca.

El encuentro nos dejó algunas importantes experiencias, como la construcción de medios propios. La Minga informativa del Foro Social Mundial, es un camino; las páginas y los blogs, los audiovisuales –algunos de la más alta calidad-, los comics y los productos televisivos, todavía en posición subordinada frente a los grandes monopolios.

Pero también proyectos incisivos y con una enorme continuidad; Como lo son las agencias informativas alternativas que han logrado sobrevivir a los grandes avances tecnológicos, como IPS,

SEMlac, Cimac y publicaciones antiquísimas elaboradas por las mujeres, por grupos sociales y por grupos políticos.

Existen múltiples experiencias que debieran ser tomadas en cuenta desde la prensa alternativa y que fueron presentadas en La Habana: las redes y medios comunitarios, los observatorios de comunicación, las experiencias fallidas y exitosas de políticas reguladoras de los medios, las concepciones que postulan la autorregulación a partir de la ética profesional, las tendencias que proclaman la necesidad de educar para la comunicación, la reconfiguración de las ideologías profesionales, los valores de las noticias y la reestructuración de los planes de estudio de las facultades de comunicación.

Es verdad que los caminos son muchos, pero también es claro es que no tenemos mucho tiempo. Los grandes monopolios, como se analizaron, son un dique frente al cual hay que tener opciones atrevidas y abarcadoras.

Probablemente el intercambio deja la sensación de que es hora de crear, como sucedió en los años

setenta, un nuevo orden informativo en el que participen las y los profesionales, los y las comunicadoras, pero sustantivamente los grupos sociales emergentes surgidos en nuestros países.

Los potentes colegios de profesionales, las universidades, los grupos de hombres que analizan las masculinidades para reconstruirlas, las agencias informativas alternativas –pero no marginales-, los académicos preocupados por las repercusiones de las brechas de desigualdad.

Pero también se trata de influir para el cambio del modelo económico hegemónico que ha propiciado las enormes brechas, no sólo entre los géneros, sino entre los pueblos y comunidades, entre las regiones norte/sur.

El VIII encuentro dejó plantadas muchas inquietudes. Los profesionales de los medios de comunicación y sus actores y actoras, ya no pueden colocarse en una esquina higiénica, apartada.

Son parte del entramado de la historia actual de nuestro mundo. Ello nos convoca a mirar profundo en el pozo de nuestras individualidades y, por supuesto, actuar, crecer y armarnos de las herramientas construidas desde que apareció la imprenta, porque los medios no sólo son difusores, sino constructores de una forma de enfrentar al mundo.

Junio de 2008

* Sara Lovera López, reconocida periodista mexicana, corresponsal de SEMlac en México. Fundadora del suplemento Triple Jornada y de la agencia CIMAC Noticias en su país, lo es también de las redes de periodistas. Colabora con diversos medios de información impresos, radiales, televisivos y en Internet, dentro y fuera de su país. Ha dictado numerosos cursos y charlas sobre periodismo y género, mantiene una columna de opinión semanal bajo el título de Palabra de Antígona.



[1] 1 Isabel Moya. OTREDAD Y COHESIÓN SOCIAL: UNA REFLEXION DESDE LOS MEDIOS, LAS

IMÁGENES Y EL IMAGINARIO, 8º Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación en La Habana,

Cuba, celebrado del 27 al 29 de mayo de este año.

 

[2] Valeria Bilardo. Periodista freelance y comunicadora Asociada del UN-INSTRAW (Instituto Internacional de

las Naciones Unidas de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer, con sede en Santo

Domingo. Ponencia por la autora en el 8º Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación en La Habana,Cuba, celebrado del 27 al 29 de mayo de este año.

 

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