"Girls need modems!". Durante los años sesenta, este fue el grito reivindicativo que Jude Milhon, programadora informática y luchadora incansable por la participación activa de las mujeres en la red, lanzaba a una sociedad que veía nacer una nueva forma de comunicación. En una incipiente revolución sexual, Milhon llamaba a las mujeres a experimentar los placeres del 'hackeo' y la programación en un mundo que ya auguraba dominado por los hombres. Más de 50 años después, las estadísticas que hablan sobre la presencia de mujeres en ámbitos técnicos, como la ingeniería informática, reflejan una realidad desigual.

Margaret Gallaguer es una investigadora irlandesa pionera en temas de comunicación y género, que basó gran parte de sus estudios en el vínculo entre la discriminación de género y el derecho a la libertad de expresión de las mujeres.

El 6 de marzo pasado, hace casi dos meses, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió el amparo 2806/2012 condenando a quien usó las palabras "maricón" y "puñal" en un periódico al considerarlas impertinentes, discriminatorias, innecesarias, además de ofensivas y que no pueden ser protegidas por el inalienable derecho fundamental a la libertad de expresión, Artículo 6º Constitucional.

El asunto causó revuelo entre "opinadores" y sesudos defensores de esa libertad que palabras más palabras menos, han argumentado contra la Corte, señalando que se ha equivocado.

Si algo bueno tienen las vacaciones es que me han permitido disfrutar de la lectura de buenos libros, en ocasiones dos al mismo tiempo, salir de la ciudad a impartir una conferencia sobre sexualidad y a descansar, escribir en mi blog y otros placeres más mundanos, como tomarme un buen vino, ir a una discoteca –de las que están siendo vilipendiadas por vía electrónica en los últimos meses por una supuesta estudiante de comunicación social- y, en último lugar, ver la televisión nacional.

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