En los años 70 un grupo de artistas decidió romper con la imagen que históricamente habían dado los hombres a su cuerpo, a su deseo, a la maternidad y a su propia vida. Decidieron entonces liberarse de ese cuerpo impuesto, de ese canon de belleza que históricamente el hombre había explotado hasta la saciedad. Ninguna se sentía representada: ¿Se pueden explorar otros códigos distintos a los históricamente utilizados por los hombres para representar a la mujer? ¿Cómo se ve la mujer a sí misma? ¿Cómo mira la mujer al hombre a través del arte? Aquellas mujeres, a las que se les habían cerrado las puertas de academias y talleres, empezaron a desarrollar y explotar un arte que rompió con paradigmas y roles sexuales y logró hacer visible el arte realizado por mujeres. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) ha acogido unas jornadas que han puesto en valor la labor de estas artistas, desconocidas para el público en general, pero fundamentales en la evolución del arte del último siglo.

Desde el mes de marzo, los intelectuales Víctor Fowler y Norge Espinosa están realizando en La Habana un curso sobre la literatura cubana LGBTI. Ambos especialistas, con reconocida trayectoria dentro de los estudios culturales, se han interesado en visibilizar aquellas obras que presentan personajes con diferentes identidades de género y orientación sexual. Sobre esta idea, convertida en realidad gracias a la entereza y voluntad de ellos, hablo con Norge Espinosa.

¿Por qué un curso sobre literatura LGBTI? ¿Conoces experiencias anteriores en Cuba con las mismas intenciones?

El curso nace a partir de la necesidad de cubrir un vacío, no del mero gusto de dos escritores que sientan alguna inclinación especial hacia ese segmento de nuestra cultura que, vale la pena decirlo, sigue siendo ignorado por nuestras casas de altos estudios, generalmente muy reacias a la apertura de los estudios queer o de sus desprendimientos, bajo recelos de muy distinta naturaleza.

María Márquez es profesora en las Facultades de Filología y Comunicación de la Universidad de Sevilla y, desde hace unos meses, autora del libro Género gramatical y discurso sexista, publicado por la Editorial Síntesis dentro de la colección Perspectivas Feministas. En él, Márquez aborda el sexismo lingüístico, es decir, los usos que en nuestra lengua pueden contribuir a la discriminación e invisibilización de las mujeres en la sociedad. Observa que, en el debate social sobre el tema, las diferentes posiciones se han polarizado generando cada una su propio fundamentalismo. La autora llama la atención sobre la resistencia de ciertas instituciones, como la RAE, y de algunos hablantes a asimilar palabras nuevas surgidas para designar realidades emergentes. Según ella, tales neologismos no tienen que ver con lo políticamente correcto, pues la tendencia a dotar de femeninos específicos a los sustantivos con referencia personal es algo espontáneo desde los orígenes del castellano.

Desde tiempos remotos, casi en la mayoría de los casos, han sido los hombres los que han creado los patrones de belleza. Inicialmente a través de la pintura y la escultura, y posteriormente, además, mediante la fotografía, el cine y la publicidad. De igual manera, suelen ser los hombres los inversores en las carreras profesionales de actrices y modelos y en concursos de belleza femenina. Asimismo, son dueños de industrias cosméticas, de clínicas de cirugía estética y de las colecciones que se exhiben en las pasarelas de moda. Si bien es cierto que hoy día también existen mujeres pintoras, fotógrafas, directoras de cine y diseñadoras, también lo es el hecho de que tanto ellas como sus obras comenzaron a visibilizarse hace relativamente poco tiempo.

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