No es habitual que una directora ruede una película en Irán. Realmente es complejo hacer cine en Irán, como lo demuestra el hecho de que reconocidos cineastas como Jafar Panahi hayan tenido y tengan serios problemas con la censura.
Tampoco es habitual encontrarnos con un personaje como el de Nahid (Sareh Bayat), la protagonista de la película Nahid, dirigida por Ida Panahandeh. Cuando pensamos en cine de latitudes lejanas, nuestra mirada colonizada y o colonizadora nos hace pensar en mujeres en constante sufrimiento, sin apenas reconocimiento a sus derechos humanos y casi silenciadas por completo.

Las obras creativas producen y refuerzan las normas culturales tales como la conceptualización de género1. De este modo, una evaluación del nivel de participación de la mujer en la producción cultural, así como los obstáculos que ella enfrenta, resulta importante para entender el nivel de la representación descriptiva de la mujer en la vida cultural de un país determinado y para brindar conocimiento acerca de los actores que están realmente delineando esta representación2.
En este trabajo, evaluamos a la mujer en puestos de liderazgo dentro de la industria cinematográfica. Analizamos la representación de la mujer detrás de cámara en los BRICS; la representación femenina en términos de personajes y temas, en películas realizadas por directores de los BRICS; y los desafíos que enfrentan las directoras en estos países.

Los tiempos cambian y con ellos las generaciones, las modas, las maneras de vivir. No obstante, los constructos culturales arraigados en las sociedades condicionan (casi invisiblemente) eso que parece moderno y diferente. Las nuevas tecnologías introducen otras formas de comunicación, interacción y socialización, pero también trasladan a sus escenarios patrones existentes en el espacio físico. Las redes sociales, los teléfonos móviles... continúan reproduciendo la disparidad de poder entre hombres y mujeres y favorecen el control, la discriminación y la violencia de género.

Para la mayoría de las personas la frase violencia hacia las mujeres refiere solo maltratos físicos; no obstante, otras coyunturas dimensionan su significado en múltiples espacios y manifestaciones. Las agresiones psicológica y simbólica, subvaloradas en ocasiones por su carga emotiva, materializan también los malos tratos, en tanto reproducen patrones de superioridad masculina. Se perpetúan a partir de falsas creencias sobre el poder y la autoridad.

Aunque nació en La Paz, cuando Helen Álvarez llegó a este mundo su padre corrió a Coroico, su pueblo, a inscribir a su primogénita como coroiqueña.

Una rubia de ojos verdes oriunda de un pueblo conocido por la presencia de descendientes de africanos: desde su nacimiento ella parecía no encajar en los estereotipos y, posteriormente, roles que se le asignan a las personas, por etnia, clase social, género..., y los acontecimientos de los últimos días la han revelado como una mujer extraordinaria y a la vez una fiel representante del común de las mujeres bolivianas: las sin privilegios y las luchadoras que se forjan por esfuerzo propio.

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