Aceptémoslo. Las mujeres no saben jugar futbol. Y el Mundial Femenino terminó por confirmar nuestras sospechas. La máxima justa del balompié estuvo plagada de ejemplos de cómo la rama femenil está muy alejada de lo que estamos acostumbrados a ver en las canchas de sus contrapartes hombres. Y es justo decirlo, la diferencia es abismal.

Uno de los muchos logros que ha conseguido el movimiento feminista es romper con la normalización de la cultura de la violación, que estaba enterrada y tapada, aunque el olor que desprendía se podía percibir desde hacía mucho tiempo. Las mujeres hemos cogido la pala y hemos empezado a desenterrar la violencia sexual, los maltratos dentro de las parejas y los abusos hacia nosotras. Con movimientos como #MeToo o #Cuéntalo hemos puesto este tema en el centro de la agenda política.

El Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades junto al Club de Creativos/as han editado “Hola, tú a mí no me conoces”, un libro de ilustraciones sobre mujeres reales, que intenta combatir los estereotipos de género que hay dentro de la industria publicitaria. La publicación forma parte del proyecto #OVER, un estudio realizado durante 2018 por el Club de Creativos/as para analizar qué estereotipos discriminatorios de género se usan en la comunicación comercial, y por qué.

La acción, el movimiento, los disparos, salvar al mundo de catástrofes naturales, terroristas o invasiones varias han sido generalmente cosas de hombres en la vida y en el cine. Ese héroe de armadura reluciente que impide la catástrofe y luego como premio se queda con la chica admite múltiples variables a lo largo de la historia. Tarzán, los espadachines y piratas interpretados por Errol Flynn, Ben Hur, Espartaco, Rambo, Rocky o los protagonistas de las primeras películas de La guerra de las galaxias han inundado las pantallas, reforzando un orden simbólico en el que los hombres actúan y las mujeres esperan y son menos importantes.

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