Cuando estaba por terminar la universidad, durante mis clases de producción de televisión, mi profesor me dijo que yo jamás podría estar en frente de las cámaras. ¿La razón? Para hacerlo tendría que tener los “atributos” de dos de mis compañeras de clase que se encargó de señalarme con gran detalle: piel blanca, cabello rubio y grandes ojos verdes. Me enfadé y, pese a todos mis argumentos, me dijo que los medios de comunicación quieren “gente bonita”. Aquél comentario era solo la punta del iceberg de una cruda realidad que afecta a millones de mujeres en el mundo: los estereotipos de género.

Juana Gallego lleva más de 30 años estudiando cómo los medios hablan y escriben de las mujeres, analizando qué destacan de ellas y cómo abordan los temas que verdaderamente las influyen. Directora del Observatorio para la Igualdad de la UAB y codirectora del Máster de Género y Comunicación de esta misma universidad catalana, Gallego insiste en que las mujeres siguen siendo tratadas como objetos en vez de sujetos y que los medios de comunicación —incluidos los digitales— "frenan el avance hacia la igualdad" porque reproducen estereotipos machistas ya superados en muchos ámbitos de la sociedad. La autora de De reinas a ciudadanas. Medios de comunicación, ¿motor o rémora para la igualdad? (Aresta, 2013) advierte además de que la presencia femenina tanto en las redacciones como en los puestos directivos de los medios no es garantía de que las noticias que publiquen tengan una perspectiva de género.

El fenómeno familiar, Modern Family, acaba de romper una lanza por la comunidad ILGTB de la televisión. La serie creada por Christopher Lloyd y Steven Levitan ha presentado al primer personaje transgénero en el inicio de su octava temporada. En el capítulo de la semana pasada “Un día libre de estereotipos”, Lily lleva a casa a su amigo Tom, interpretado por el actor trans de 8 años Jackson Millarker.

Conocíamos a Dory, la pez desmemoriada, valiente y aguerrida por ser una de las protagonistas de Buscando a Nemo(Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003). La película tenía mucho de la era pre-Brave—barracuda que se merienda casi en el fotograma número uno a la madre de Nemo— y no superaba el Test Bechdel.

Información adicional