Al poco de ser reelegida alcaldesa de Barcelona, Ada Colau aparecía en todos los medios visiblemente emocionada y conteniendo las lágrimas mientras era entrevistada en una radio catalana. Se comprenden esas lágrimas: el proceso de campaña electoral fue duro y largo, las negociaciones para formar gobierno ásperas y con faltas de consenso, y la propia investidura como alcaldesa, agridulce.

La violencia en redes, lamentablemente, ya no sorprende. Desde hace tiempo, múltiples feministas, sobre todo comunicadoras con perfiles muy seguidos, viven una forma de violencia que las llega estén donde estén. En casa, en el trabajo, con amigas, con la familia o en la biblioteca. Una nueva notificación del móvil puede estropear su día.

Al hablar de violencia machista estos días de confinamiento, se nos ponen los pelos como escarpias cuando se oye decir del Instituto de la Mujer que se han efectuado 8.000 llamadas más al 016 desde que empezó el estado de alarma de las que hubo en el mismo periodo en 2019, según su informe ‘La perspectiva de género, esencial en la respuesta a la COVID-19’. Impresiona pensar en la ‘nueva normalidad’ bajo estos términos. Como impresiona también destapar datos para poder tener elementos con los que comprender la realidad. No hay nada que te quite o te de más la razón, que un buen dato.

El pasado día 21 de abril, la edición catalana del diario El País publicó el artículo “Art i indústria del sexe en temps de coronavirus”. Su contenido provocó la indignación de expertas y organizaciones que, con celeridad, decidieron dirigir una carta a la directora del periódico, solicitando la retirada de la pieza.

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