El año de la huelga feminista y de la sentencia de La Manada, el feminismo ha rugido para denunciar el contexto que permite la violencia sexual. Mientras tanto, muchos medios se han sumado a esta “ola” con figuras como la redactora jefa de género de eldiario.es, una mesa especializada en EFE o la corresponsalía de género de El País.

No hay dudas sobre un hecho: si algo ha puesto de manifiesto este 2018 con #LasPeriodistasParamos, es que en todas las redacciones hay una periodista a la que no le da miedo decir que el periodismo, si pierde el foco de los derechos de la mujeres, solo podrá apuntalar la desigualdad.

A lo largo de los años, la variable “género” ha sido utilizada en distintos estudios e investigaciones para llevar a cabo una reflexión sobre la realidad, atendiendo a las desiguales relaciones de poder construidas social e históricamente entre los sexos.
Siguiendo esta línea, los análisis sobre la presencia femenina en los libros de texto cobran protagonismo.
Los más actuales muestran cifras alarmantes que subrayan la poca representación en solitario de las mujeres en materiales educativos, o cómo el número mujeres representadas bajo nombre propio es mucho menor al de los hombres.

He vivido en varias ocasiones que al poner fin a una relación sentimental o sexual, esta derive en una situación de acoso insufrible. Al menos dos veces pasé un miedo terrible y en una tercera necesité un médico. Leo historias de violencia contra las mujeres en los periódicos y, junto con mis experiencias, me doy cuenta de que gran parte del género masculino tiene un problema muy grave con torear la frustración que le supone una ruptura amorosa. Recuerdo Cat Person, el relato del New Yorker, y la infinidad de veces que en películas y series una negativa inicia una conversación que acabará con un “zorra”, “puta” o “fea que te has creído, no te toca nadie ni con un palo”. Son líneas de diálogo que escriben otros hombres, que se basan en las realidades que viven o en las que se han visto y por eso lo plasman así.

En muchas ocasiones el cine ha ayudado a eliminar los prejuicios de la sociedad, pero mitos como el del “amor romántico”, muy recurrente en la ficción, ofrecen a la población adolescente una idea equivocada y machista del amor. Además, el 87 por ciento de las personas guionistas son hombres, algo que fomenta la representación de los habituales tópicos femeninos y la sexualización de las mujeres.

Página 1 de 21

Información adicional