Claro que el título de esta nota es demasiado pretensioso para lo que quiero decir, pero no hallé otro. Pido disculpas por eso y cuento  lo siguiente.

La primera vez la señora mayor exclama con asombro: “¡¿Otra vez congelado, y aquí arriba mojado?!” Y presuroso, acertado y servicial el joven yerno, con dejito de buena gente, esclarece: “La junta, suegrita, la junta. Hay que cambiarla”. Luego es el nieto el que, contento, se apresta a guardar en el refrigerador los platicos del deseado y aún caliente dulce.

Desde enero, más de 50 hombres han matado o asesinado a otras tantas mujeres con las que mantenían o habían mantenido una relación. A pesar de las medidas judiciales, sanitarias y asistenciales puestas en marcha, las mujeres siguen muriendo. ¿Pueden los medios de comunicación cumplir un papel de primer orden en la resolución de este problema?

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