“Yutubero”, “tkm”, “wasap” son solo algunos los nuevos términos aceptados por la Real Academia Española en su primer manual para “escritores digitales”, presentado hace muy pocos días. Y en línea de su rancio conservadurismo rechazó el uso de todes, tod@s o todxs como forma de lenguaje inclusivo.
Este tipo de pronunciamiento de la RAE por el lenguaje inclusivo no es nuevo, ya se sabe, y se suma a los dichos de su director, Darío Villanueva: "El problema es confundir la gramática con el machismo". Sin embargo, el foco es erróneo. Lo que la RAE no ve y lo que Villanueva ignora es que el lenguaje inclusivo no apunta al cambio gramatical sino que fija una postura política.

¿Piropo o acoso? ¿Admiración pública ante una mujer o falta de respeto? ¿Dónde dibujar el límite? Desde que un “cromañón” asaltó las gradas del Estadio Latinoamericano hace unas semanas, estas y otras interrogantes calientan polémicas y provocan incluso debates fuera de tono en pasillos de recintos universitarios, centros recreativos o hasta en la sala de casa, en una reunión con amigos. Las partes enfrentadas de las discusiones dirimen una contienda que se inserta en un dilema definido genialmente por una estudiosa cubana: “los hombres de la isla están buscando una mujer que ya no existe, mientras las mujeres necesitan un hombre que aún no existe”.

“En el entorno académico cubano antropólogos, historiadores, psicólogos y sociólogos encabezaron el interés profesional a la hora de promover estudios con enfoque de género. Paulatinamente, otras disciplinas se han sumado a ese interés y entre ellas sobresale, sobre todo en la última década, la Comunicación”[1].

Un acercamiento a la investigación en comunicación y género producida en La Habana entre los años 1990 y 2017 conduce su caracterización atendiendo al comportamiento teórico-metodológico, las condiciones de producción y las particularidades de sus resultados.

El sociólogo Pierre Bourdieu sentenció sabiamente que “las feministas necesitan una revolución simbólica”. Abocadas a construir ese otro mundo de relaciones, a trastocar los signos de la opresión y edificar una sociedad justa, hemos asumido la disputa del escenario público y mediático no solo para denunciar la opresión de las mujeres, la desigualdad e injusticias que genera el patriarcado, sino también para construir otros significados y nuevas maneras de decir.

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