Del necesario vínculo entre las teorías de género y comunicación para un periodismo más incluyente, no sexista y responsable con la igualdad entre hombres y mujeres algo se ha dicho y escrito.

Importantes y necesarios espacios académicos y empíricos se han sumado durante los últimos años a un intento por salvar, desde la praxis periodística y la conferencia oportuna, el enorme vacío que aún está presente de forma general en la formación de periodistas desde la perspectiva de género.

El portal informativo liderado por la periodista mexicana Carmen Aristégui tiene más de 4.7 millones de seguidores en la red social Facebook. De la comunicadora, como personaje público, se han generado automáticamente cuatro perfiles en esa red. En cada uno de ellos, más de 355 mil usuarios han pulsado el botón “Me gusta”.

Alguien podría objetar que son breves estos números en un país como México, donde viven más de cien millones de personas. Pero las y los admiradores de Aristégui triplican hasta la fecha a los del periódico nacional La Jornada (1 millón 582 mil 187) y por mucho sobrepasan a los de El Universal (681 mil 719).

Sábado 11 de abril. Toda Cuba expectante. La 54 Serie Nacional de Béisbol (SNB) esperaba por su nuevo campeón, en una final inédita entre Ciego de Ávila y la Isla de la Juventud. Este último team, por primera vez discutiendo cetro, tenía todas sus esperanzas en el lanzador y refuerzo tunero Yoalkis Cruz.

Segundo inning, dos outs. Cruz pide revisar irregularidades de la lomita, los técnicos se toman su tiempo. El público está a la espera, tanto los que asistieron al avileño estadio José Ramón Cepero, como los que desde casa veían el desenlace por sus telerreceptores. Aunque estos últimos tenían un “mayor entrenamiento”; ante la inactividad en el juego, el “aburrimiento” audiovisual fue solucionado de manera ¿emergente?: cuatro imágenes de forma consecutiva, en planos medios y primerísimas tomas, mostraron a bellas mujeres, “medidas perfectas”, Venus cubanas.

Estamos de acuerdo. Los medios de comunicación, a la par de informar, entretener y enseñar, nos imponen modelos de conducta, nos estereotipan, nos invisibilizan... Incluso los espacios informativos, culturales y los llamados de orientación social, sucumben ante estas tentaciones. Sin embargo, resultan los dramatizados el escenario propicio para encontrarnos con estas "ladys" que alguien parece intentar que seamos todas.

La telenovela, por su condición de programa estelar, que reúne como espectadores a (casi) la totalidad de las familias, resulta el espacio donde, con más arraigo, se manifiestan los constructos sociales referidos a las mujeres "buenas" y "malas", bonitas y feas, decentes o indecentes.

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