La década del sesenta del siglo pasado constituyó un periodo de grandes transformaciones en la vida de las cubanas, especialmente de aquellas que anteriormente no tenían empleo o se dedicaban a realizar las labores menos demandadas. Entre los grupos privilegiados en términos de políticas estuvieron las domésticas. Las estrategias desarrolladas para cambiar esta situación y sus impactos en la vida de estas mujeres tuvieron amplia difusión; sin embargo, poco se conoce hoy sobre este proceso. El presente trabajo se propone realizar un balance de las principales transformaciones que esta "Revolución dentro de la Revolución" supuso para ellas, a partir de la revisión de artículos, noticias y reportajes que aparecen en las primeras dos décadas. Se hará especial hincapié en lo difundido por la Revista Mujeres1, una publicación mensual destinada fundamentalmente al público femenino. 

Durante 32 años ha circulado en Cuba, con frecuencia trimestral, la revista Tablas. Es la única del sistema de publicaciones seriadas dedicada a las artes escénicas del archipiélago. A pesar de que la tradición del teatro nacional arropa en su mayoría a dramaturgos, el magazín ha tenido durante toda su historia tres directoras mujeres y un hombre. El crítico Omar Valiño lidera al equipo de redacción desde el año 2000. Su llegada marcó el nacimiento de la Casa Editorial Tablas-Alarcos, también con la condición de publicar solo libros de artes escénicas (teóricos, ensayísticos, dramáticos). Antes que él, dirigieron la revista las teatrólogas Rosa Ileana Boudet (1982-1987) y Vivian Martínez Tabares (1987-1990) en una primera etapa, y Yana Elsa Brugal (1991-2000), en un segundo momento. Como mencionamos antes, la tradición dramática cubana está forjada en su mayoría por bolígrafos masculinos. Pero es justo reconocer que la proporción es diferente en la construcción de los personajes protagónicos de piezas emblemáticas y también en la crítica especializada.

I-Periodistas: Hombres y mujeres de carne y hueso

Aún cuando las mujeres constituyen un número significativo en el sector de la prensa, se mantiene una imagen distorsionada de la realidad actual de las representantes del género femenino, muchas de las cuales contribuyen activamente al desarrollo de la sociedad.

Este hecho es solo una muestra de los vacíos que se mantienen en el discurso periodístico desde la perspectiva de género, y define una de las contradicciones que su ausencia genera en la práctica de la profesión.

Históricamente, los escenarios deportivos han sido creados, regulados y disfrutados por los hombres. Los procesos de socialización de ambos sexos durante toda la vida inciden en la "hipermasculinización" de estos espacios. De niños, ellos pueden –más bien deben- jugar pelota, fútbol, baloncesto, etc., mientras se supone que ellas se alejen de este tipo de actividades para evitar ser referidas como "marimachas", "machorras" u otro adjetivo descalificador.

En el caso específico de la alta competencia, se manifiestan privilegios derivados de una mayor cobertura mediática a los eventos de hombres, mayores expectativas y atenciones alrededor de los deportistas, y diferencias abismales en los salarios, por solo citar algunas cuestiones.

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