El escenario de reformas socioeconómicas iniciado en Cuba en la última década tiene dentificado al espacio local como un ámbito clave para hacer avanzar la economía del país. Se aspira a que sea en la comunidad dónde se generen e implementen participativamente la mayoría de las iniciativas y los proyectos de desarrollo, de “manera que se fortalezcan el empoderamiento, la autogestión de la población y la retribución rápida de los beneficios generados”[i].

En la actualidad, más que nunca, resulta impensable un proceso para el cambio social que desestime la comunicación como uno de sus ejes fundamentales, aun cuando en el ámbito cubano muchas veces parecen primar la improvisación y la inconstancia en este terreno.

No obstante, para algunas instituciones, entre las que figura el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), la conexión con los públicos constituye el núcleo de sus desvelos y le asignan a dicha dimensión una parte considerable de sus esfuerzos y recursos. Así se probó durante los primeros seis meses de 2016, cuando esta institución del Ministerio de Salud Pública realizó dos de sus celebraciones más importantes: la 9na. Jornada Cubana Contra la Homofobia y la Transfobia, en mayo, y la 3ra. Jornada Maternidad y Paternidad Responsables, entre los meses de febrero y junio.

La capacitación en temas de género constituye una necesidad acuciante en la sociedad actual. En este sentido existen grupos etarios que resultan más vulnerables a los patrones impuestos por la sociedad machista. Paradójicamente, son quienes mayores posibilidades tienen de transformar dichas prácticas .Tal es el caso de niñas, niños y adolescentes.

Eduardo Galeano ya lo había advertido en su proverbial texto El libro de los abrazos: “Por la pantalla desfilan los elegidos y sus símbolos de poder (…) He aquí los premiados: son los usureros de buenas uñas y los mercaderes de buenos dientes, los políticos de creciente nariz y los doctores de espaldas de goma”.

Bajo tal mira, la mayor parte de las organizaciones mediáticas todavía exhiben un discurso hegemónicamente patriarcal y algunos especialistas enuncian, como una de las causas, la no existencia de un mayor por ciento de mujeres en los vértices jerárquicos de la prensa.

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