La capacitación en temas de género constituye una necesidad acuciante en la sociedad actual. En este sentido existen grupos etarios que resultan más vulnerables a los patrones impuestos por la sociedad machista. Paradójicamente, son quienes mayores posibilidades tienen de transformar dichas prácticas .Tal es el caso de niñas, niños y adolescentes.

Eduardo Galeano ya lo había advertido en su proverbial texto El libro de los abrazos: “Por la pantalla desfilan los elegidos y sus símbolos de poder (…) He aquí los premiados: son los usureros de buenas uñas y los mercaderes de buenos dientes, los políticos de creciente nariz y los doctores de espaldas de goma”.

Bajo tal mira, la mayor parte de las organizaciones mediáticas todavía exhiben un discurso hegemónicamente patriarcal y algunos especialistas enuncian, como una de las causas, la no existencia de un mayor por ciento de mujeres en los vértices jerárquicos de la prensa.

El arte de la cocina no es tarea fácil, requiere de destrezas, concentración y
sobre todo mucho, mucho amor. Cuando alguien elabora uno de esos exquisitos
platos debe tener a su lado algunas personas que luego den fe de su obra
maestra. Pero, cuán difícil se hace contar a quienes no estuvieron presentes la
extraordinaria sensación de lo degustado.

Los conceptos de lo femenino y lo masculino nos conducen por la vida con más significación que ese cordón umbilical que nos mantiene latiendo nueve meses en los vientres de las madres. Y es que antes de tener dicho apéndice padecemos las funciones y las maneras de proyectarnos en el futuro.
Un eje importantísimo en esa moldura rígida sobre lo que significa ser niña o niño, muchacha o muchacho, hombre o mujer, gira en torno a la Educación. Este sistema se vale de los mensajes de los medios de comunicación, incluso cuando se trata de experiencias inoportunas. También los centros de difusión masiva muchas veces reflejan una enseñanza marcada por estereotipos.

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