En las últimas cinco o seis décadas los personajes femeninos en el cine latinoamericano han ido cambiando desde heroínas lacrimógenas, dependientes y estereotipadas hacia mujeres más fuertes, más visibles. Y aún cuando el camino ha estado repleto de trabas –que aún persisten- , los créditos del cine que se hace en nuestros países cada vez más, también, se pueblan de nombres de mujeres.

Mucho antes de que comprendan o aprendan a preguntar sobre su propia sexualidad ya son bombardeadas con mensajes que no pueden entender. Mucho antes de alcanzar la madurez para decodificar imágenes y contenidos ya son el público-protagonista de esta historia.

En su sentido más llano, los lenguajes se definen como sistemas de comunicación compuestos por códigos, símbolos y signos, los cuales cobran significado en el contexto de las comunidades que los utilizan. Las complejas facultades de representación y comunicación que intervienen en el lenguaje son distintivas de los seres humanos y constituyen una de las claves del desarrollo de nuestra especie. A través de la palabra, oral o escrita, las sociedades transmiten ideas, sentimientos, modos de pensar y esquemas de percepción y valoración. Así, cuando se habla de comunicar con enfoque de género, o de hacer periodismo desde una perspectiva de género, a menudo pensamos, en primer lugar, en el lenguaje.

Para la fotógrafa cubana, Misladis González Barco, “deconstruir los discursos patriarcales sigue siendo un reto”, confiesa mientras conversamos sobre su más reciente experiencia como participante en el seminario “Luc Chessex en Cuba, miradas de género” que impartió ese reconocido artista del lente suizo el pasado mayo, organizado por Circuito Líquido con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude)-, la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba y el Palacio del Segundo Cabo.

Información adicional