No es secreto para nadie: la crisis de la covid-19 cambió los modos en que se mueve el mundo. Las cuarentenas y el aislamiento social, decretados por muchos países para controlar los contagios de la enfermedad, obligaron a migrar aún más hacia los espacios digitales. También en Cuba.

Marie Curie es, hasta el momento, la única persona en el mundo ganadora de dos Premios Nobel en diferentes categorías (Física, 1903 y Química, 1911). Fue Ada Lovelace, matemática y escritora, quien dedujo el algoritmo de la programación informática; Vera Rubin, quien halló la materia oscura; Caroline Herschel, la descubridora de ocho cometas y coinventora del telescopio Herschel.

Históricamente, el mundo, sobre todo en nuestras culturas occidentales, se ha definido en masculino y al hombre se atribuye la representación de la humanidad entera. ¿De qué hablamos cuando nos referimos al sexismo? Justamente de ese proceso que trata de invisibilizar lo femenino, en el cual la palabra ha sido una aliada.

“Esposa, criada, Martha, madre, hija, novia, reina, perra, criminal, pecadora, hereje, prisionera, jezebel” es una de las enunciaciones de Defred (Elisabeth Moss), la protagonista de The Handmaid´s Tale (El cuento de la criada), que permite en poco tiempo identificar los elementos articuladores de un sistema de categorización de las mujeres basado en códigos morales, religiosos, fundamentalistas y patriarcales.

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