“En el entorno académico cubano antropólogos, historiadores, psicólogos y sociólogos encabezaron el interés profesional a la hora de promover estudios con enfoque de género. Paulatinamente, otras disciplinas se han sumado a ese interés y entre ellas sobresale, sobre todo en la última década, la Comunicación”[1].

Un acercamiento a la investigación en comunicación y género producida en La Habana entre los años 1990 y 2017 conduce su caracterización atendiendo al comportamiento teórico-metodológico, las condiciones de producción y las particularidades de sus resultados.

El sociólogo Pierre Bourdieu sentenció sabiamente que “las feministas necesitan una revolución simbólica”. Abocadas a construir ese otro mundo de relaciones, a trastocar los signos de la opresión y edificar una sociedad justa, hemos asumido la disputa del escenario público y mediático no solo para denunciar la opresión de las mujeres, la desigualdad e injusticias que genera el patriarcado, sino también para construir otros significados y nuevas maneras de decir.

“El gran cambio que la región necesita con urgencia está en acelerar el logro de los derechos en salud sexual y derechos reproductivos”. La afirmación fue una de las abrumadoras conclusiones de la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, celebrada en días recientes en Lima, Perú; y que colocó sobre la mesa de diálogo, una vez más; la triste paradoja del ciclo de la desigualdad en este lado del mundo.

A pesar de que para muchos especialistas la cinematografía siempre ha sido machista, patriarcal, un ambiente de y para hombres, a partir del triunfo revolucionario en Cuba, de manera muy paulatina, comienzan a llegar mujeres a los espacios de hacer cine. Sin embargo, no es hasta la década de los 70 que comienzan a aparecer productos que reflejan las problemáticas de ellas en la nueva sociedad.

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