Para la fotógrafa cubana, Misladis González Barco, “deconstruir los discursos patriarcales sigue siendo un reto”, confiesa mientras conversamos sobre su más reciente experiencia como participante en el seminario “Luc Chessex en Cuba, miradas de género” que impartió ese reconocido artista del lente suizo el pasado mayo, organizado por Circuito Líquido con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude)-, la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba y el Palacio del Segundo Cabo.

A pesar de que muy pocas veces la historiografía del cine y del documental en Cuba recoge sus nombres, la mujer cubana ha estado presente desde diferentes facetas en la realización de estos géneros. La periodista Marta María Ramírez, en el artículo Mujeres directoras de cine: ¿Así de simple?, cita estudios realizados por especialistas que muestran como la primera mujer vinculada al cine en Cuba a Mirtha Portuondo. Portuondo dibujó en celuloide para un animado llamado El hijo de la ciencia (Santiago de Cuba, 1948).

Hacer periodismo de género no es escribir de las mujeres o tratar temas de mujeres. En la historia y el mundo abundan las llamadas publicaciones femeninas, pensadas, diseñadas y elaboradas para ellas, que no hacen periodismo de género. ¿Qué significa entonces escribir con enfoque de género? Tiene que ver, sobre todo, con el punto de vista que adoptamos o el tamiz a través del cual vemos la realidad, la captamos y la volcamos a los medios. Para decirlo con palabras más sencillas, se trata de un modo de hacer que apunta, esencialmente, al cambio.

El cuerpo desnudo, representado a través de las artes, ha desatado (y desata) las más disímiles emociones, los más diversos criterios y las más ambiguas lecturas.El desnudo ha evolucionado a la par de la historia de la fotografía, recorriendo todos los estilos, las tendencias y las intenciones. Desde el silencio y el secreto por romper las normas morales, hasta el quebrantamiento explícito de estas; desde su inclusión en la revolución sexual y la libertad de los cuerpos, hasta la pornografía más burda; desde los propósitos artísticos, hasta la denuncia social.En todo este camino, un denominador común marca el devenir de dicha manifestación y se erige como centro de ella: el cuerpo femenino.

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