Los celos y el control, viejas formas de violencia a menudo solapadas tras la naturalización y el mito del amor romántico, toman nuevos rostros en una sociedad global caracterizada por el uso invasivo de la tecnología.
Emergen formas sutiles o encubiertas de control bajo las llamadas “pruebas de amor” que incluyen desde pedir-exigir a la pareja contraseña de Facebook o de cualquier otra red social, hasta eliminar contactos, revisar el celular, controlar el correo electrónico e incluso “solicitar” que compartas tu ubicación a través de Whatsapp u otra cuenta en la red de redes.

No son pocas las brechas cotidianamente asociadas a los medios de comunicación y la reproducción, desde esos espacios, de imaginarios que sostienen la violencia de género.
De esa relación entre los procesos formadores de opinión y constructores de sentidos –que se generan desde la comunicación– y cómo estos refuerzan o desmontan la violencia, habla la periodista e investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes (GESJ) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Carolina García Salas, quien participó en una investigación comparada de imaginarios juveniles sobre la violencia contra las mujeres en ocho países de Latinoamérica y Caribe (El Salvador, Honduras, Guatemala, Bolivia, Nicaragua, República Dominicana y Cuba, más Colombia), en colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y OXFAM Latinoamérica.
“Se trata de un estudio que articuló a diversos actores sociales dentro y fuera del país, y en nuestro caso fue de singular importancia la colaboración de especialistas del Programa de OXFAM en Cuba y del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR)”, explicó García Salas.

El lenguaje inclusivo llega a los debates sobre el proyecto de Constitución cubana que actualmente se somete a consulta ciudadana. Desde el activismo y la academia, algunas voces sugieren superar el enfoque androcéntrico en el texto constitucional.
La crítica e investigadora literaria Zaida Capote Cruz fue de las primeras expertas en proponer cambios a favor de un lenguaje no sexista en el proyecto de Constitución, que discute la población cubana hasta el próximo noviembre.

El envejecimiento de la población llegó para quedarse en Cuba, pero a menudo los medios de comunicación siguen manejando estereotipos que impiden ver a las personas que sobrepasan los 60 años no solo como dependientes de cuidado, sino también como protagonistas activas de la cotidianidad.

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