Raquel Sierra

Raquel Sierra

Helen Palacios tiene 21 años. Vive con su mamá y su abuela y sueña con ser actriz. Pero durante un tiempo tendrá que aplazar los sueños: ahora tiene en sus brazos a una niña de apenas meses de nacida. Para su dicha, cuenta con el apoyo de su familia. 

Ella es la protagonista del documental Matar la jugada, primer capítulo de la serie "Ojos que te Miran", del realizador Rigoberto Senarega, presentado el 2 de marzo en La Habana.

Viernes, 21 Noviembre 2008 00:00

Tras las pautas para manejar la obesidad

La obesidad va más allá de la estética, la pérdida de la cintura y el exceso de peso. A ese mal, que crece en Cuba y el mundo, están asociadas enfermedades como el síndrome metabólico, la enfermedad coronaria, la hipertensión arterial y diversos tipos de cáncer. 

El hecho de que esa dolencia vaya en ascenso convocó a expertos y expertas de la Isla para debatir desde las causas hasta los tratamientos, con vista a proponer a las autoridades de salud pública recomendaciones para su manejo.

Viernes, 21 Noviembre 2008 00:00

Tai Chi, un cambio de vida

Por las tardes, tres veces por semana, Mildred se apura en terminar el trabajo, hacer la comida y buscar a alguien para que cuide a su madre. Lunes, miércoles y viernes son los días sagrados para su cita en el Parque de las Majaguas, en La Habana, donde practica Tai Chi, lo que le ha permitido alejarse de los dolores y el “pastilleo” (alto consumo de tabletas).

Con 54 años, padece de una cardiopatía y exceso de peso, sin embargo, eso no le impide “hacer movimientos que hasta hace unos meses pensaba que no podría hacer. Me siento realmente mejor físicamente y muchísimo más calmada, pese a que el trabajo y las tensiones son las de siempre”.

Viernes, 21 Noviembre 2008 00:00

Cuando las noches se convierten en días

A los cinco días de nacido su hijo Alexander, Miralys, como toda madre cubana, lo sacó al patio unos minutos para darle sus primeros baños de sol. Aunque la exposición fue breve, al bebé se le reventó la cara y le salieron llagas. Supo que algo no andaba bien.

Miralys Beaujardin Cruz, residente en Isla de la Juventud, segunda ínsula en importancia de Cuba, mira con orgullo a su hijo, un pelirrojo de piel muy blanca, delgado y muy activo, que juega con la pelota como lo haría cualquier otro de su edad. Sólo que hay en él una diferencia.

“Estuve tres años curándolo por quemaduras solares. No sabía qué le pasaba y los médicos tampoco nos daban un diagnóstico. Cuando cumplió tres años, se le indicó un estudio genético y oncológico en La Habana. Allí se descubrió su enfermedad: xeroderma pigmentoso, en etapa inicial”, cuenta esta mujer.

Lunes, 05 Mayo 2008 00:00

Cuando demasiado dulce es malo

Tiene ahora 27 años. Desde los cuatro, Rotsen padece diabetes mellitus, una enfermedad que lo obliga a inyectarse insulina varias veces al día, cuidarse de posibles heridas y mantener una alimentación balanceada.

“A los cuatro años, cuando estaba en el círculo infantil, nos percatamos de que algo no andaba bien: a diferencia de otros niños, prefería el agua al helado, se tomaba cinco vasos seguidos, con una sed desesperante, empezó a bajar de peso y la cara se le ponía muy colorada, por lo que pensé que era hipertensión arterial”, dice Mayra Verdecé, al contar la historia de su primer hijo.

Janet Á. tiene 18 años y una gestación de 15 semanas. Es un embarazo imprevisto, pero a las 10 semanas nada se podía hacer para interrumpirlo, como era el deseo familiar. Aun así, puede decirse que tiene suerte: pese a dos abortos anteriores, sigue siendo fértil.

La infertilidad, afirman expertos, puede ser una de las consecuencias del aborto, sobre todo si es reiterado y, aún más, si se práctica en adolescentes.

Lunes, 15 Octubre 2007 00:00

Ataxia, el mal se esconde en los genes

Tenía lo que se dice una vida normal. “Y” estudió, comenzó a trabajar y se casó. Todo iba bien hasta que notó falta de equilibrio al caminar, como lo hace quien ingiere altas dosis de alcohol. Una herencia genética la ubicó entre las cubanas y cubanos con ataxia.

Las dificultades motoras se agudizaron. Con el tiempo, le resultó difícil sostener un lápiz y escribir como solía hacerlo, no podía ni picar los alimentos en el plato. La enfermedad la obligó a dejar el trabajo de dependienta en una farmacia.

Desde hace casi dos años, Marucha tiene una herida en el cuerpo y en el alma, pero no se deja vencer. Sus amigas más cercanas admiran su fuerza de voluntad, sus ganas de vivir y la lucha contra el enemigo que le roba pedazos de su figura: el cáncer de mama.

Profesora de artes plásticas, madre de dos hijos, esta mujer ocultó a su esposo y a sus hijos el endurecimiento que notaba en su seno izquierdo. Titubeaba a cada instante, hasta que decidió compartir sus temores.

Miércoles, 08 Noviembre 2006 00:00

Aborto, riesgos múltiples

Cuando recuerda, dice que un frío le baja por la espalda. Tras interrumpir voluntariamente doce embarazos, quiso un hijo. No lo consiguió, un aborto espontáneo frustró su sueño de maternidad.
La historia de Emma Peña, una profesional de 42 años, no termina ahí. Tres fibromas, uno grande y dos pequeños, la llevaron nuevamente al salón de cirugía, esta vez para una histerectomía (extirpación del útero).

“Una hace cosas sin medir las consecuencias. Era muy fértil y casi no me cuidaba. Los amigos me decían que ni pasara por una tienda donde vendieran calzoncillos, porque de verlos salía embarazada”, cuenta, con voz resignada.

Domingo, 18 Octubre 2009 04:35

Epilepsia, prevenir o minimizar las crisis

Clara tiene 76 años. Es una mujer negra, muy delgada. A los 59, le apareció la diabetes; meses más tarde comenzaron las crisis de epilepsia, con convulsiones que apenas avisaban.

"Los ataques no avisan, le dan cuando tiene la presión alta, fiebre o alguna emoción fuerte. Nos damos cuenta de que se avecinan porque le tiemblan los labios, es la única señal", explica su hijo Fidel, el único que vive con ella y quien se encarga de llevarla al médico.

 

"Mi otro hijo, Omar, se cayó una vez en el círculo infantil (guardería) y se dio un golpe muy fuerte en la cabeza. A partir de ahí le empezaron las crisis, no le podía subir la fiebre a más de 37,5 porque si no, empezaba a convulsionar. Tuvo tratamiento por siete años pero, con el desarrollo, todo se le quitó", recuerda Clara.

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