Ataques articulados y terror sexual: así son las violencias machistas en redes

Mª Ángeles Fernández. Píkara Magazine [16-07-2020]
  El informe ‘Las violencias machistas en línea hacia activistas. Datos para entender el fenómeno’, realizado por Hybridas y Komons, y coordinado por Calala, entrevista a 200 mujeres que ha vivido violencia online y analiza los perfiles de los agresores. El informe ‘Las violencias machistas en línea hacia activistas. Datos para entender el fenómeno’, realizado por Hybridas y Komons, y coordinado por Calala, entrevista a 200 mujeres que ha vivido violencia online y analiza los perfiles de los agresores.

La violencia en redes, lamentablemente, ya no sorprende. Desde hace tiempo, múltiples feministas, sobre todo comunicadoras con perfiles muy seguidos, viven una forma de violencia que las llega estén donde estén. En casa, en el trabajo, con amigas, con la familia o en la biblioteca. Una nueva notificación del móvil puede estropear su día.

“He dejado de mirar mis redes sociales. Publico, pero no miro. Podría parecer una estrategia de resistencia, una forma de rearmarme o tomarme un descanso ante la violencia. Y sin embargo es solo hartazgo”, escribía la periodista Cristina Fallarás.
Conocer diferentes dimensiones de la violencia online contra las activistas en el contexto del Estado español para crecer en conocimiento colectivo y generar estrategias de empoderamiento, de respuesta y de cuidado es el objetivo de la investigación Las violencias machistas en línea hacia activistas. Datos para entender el fenómeno, realizada por Hybridas y Komons, y coordinada por Calala.
El resumen ejecutivo, que fue el que se hizo público para preservar así las experiencias y la intimidad de las alrededor de 200 entrevistadas, recoge datos como este: el 82,61 por ciento de las participantes se han visto afectadas por violencias digitales, siendo Facebook la red social en la que más han sido violentadas (73,37), seguida de Twitter (65,21), si bien esta última es la más agresiva. En la red del pájaro azul además los ataques son más públicos, mientras que en otros espacios online como las de mensajería instantánea o Instagram se invisibilizan más por producirse a través de mensajes individuales en lugar de comentarios en un perfil visible.
Hybridas y Komons concluyen también que existe una gran dependencia de las políticas de las grandes plataformas y su gestión de la información. Cuestión que ya apuntó Laia Serra en el informe Las violencias de género en línea, donde recogió que “las empresas que gestionan las plataformas de redes sociales, dada su ubicuidad, su creciente base de usuarios y usuarias y la aplicación contradictoria de las condiciones de uso, desempeñan un papel importante en la permisividad de determinados discursos nocivos, en la normalización de la violencia de género y en la cosificación sexual de las mujeres”.
Por ello, el citado informe, que fue registrado en la Comisión de Quejas del Congreso, insta al Gobierno de España a la formulación de medidas dirigidas a estas empresas tecnológicas. La reclamación, en la que se denunciaba que el Estado desprotege a las mujeres ante las violencias digitales, fue trasladada a la Comisión de Igualdad hace más de un año. Desde entonces, no ha habido ninguna nueva respuesta.

Los perfiles agresores
Los agresores son percibidos por las encuestadas como perfiles que actúan de forma individual. Los datos analizados destacan la tasa de actividad proveniente de perfiles de nueva creación (17,39 por ciento) y de bajo impacto (el 42,93 por ciento no tiene más de 500 seguidores). En su mayoría son perfiles en los que aparecen unos patrones estéticos determinados, como la bandera de España.
También aparecen imágenes relacionadas con el mundo del fútbol, otras que reafirman la identidad cis heteropatriarcal, fotografías de hombres musculados y de chicas desnudas, así como fotos de insignias militares o vinculadas al mundo bélico. La investigación también recoge perfiles asociados a partidos políticos, sectores del feminismo abolicionista y a sectores transexcluyentes, grupos de custodia compartida, grupos que niegan la violencia machista u organizaciones no oficiales relacionadas con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
Komons ha estudiado grupos o redes de grupos y considera que existe un grado importante de organización y de “focos” o “semillas” de información. “Se observan estrategias de señalamiento de activistas para la articulación de los ataques, así como el trasvase de contenidos entre diferentes redes sociales, medios de comunicación o portales de opinión”, resume el resumen ejecutivo del informe. “En alguna ocasión, se percibe que los ataques de tipo sexual pueden llevarlos a cabo perfiles individuales mientras que los relacionados con aspectos políticos se hacen de forma más organizada”, dice por ejemplo una de las entrevistadas.

Monográfico violencias digitales
La investigación digital y el análisis de datos en redes sociales observa los siguientes patrones de actuación. Por un lado, se producen conversaciones tóxicas en Twitter que giran en torno a la oposición a activistas de las que se pueden derivar agresiones digitales. Por otro, amplias comunidades misóginas en Twitter y Facebook mantienen un discurso dañino y participan en los casos de acoso.
Además, se ha identificado como tendencia y nicho de radicalización “los espacios de negación de la violencia machista y de defensa de la tutela de los menores de sus exparejas”. También se ha localizado “una cultura paramilitar” de simpatizantes a las fuerzas y seguridad del Estado relacionada con estos espacios misóginos citados.
La investigación ha observado además cómo la promoción de contenidos que incluyen la inversión en publicidad -de Facebook, por ejemplo-, que segmenta los contenidos logra que lleguen a distintos grupos de perfiles usuarios.
Hybridas y Komons citan el mediático caso de Infancia Libre: “La viralidad de este caso con relevancia mediática durante el trabajo de campo ha revelado muchas de las conexiones existentes en la ‘manosfera’”. Este concepto proviene de los términos en inglés hombre y esfera y hace referencia, según Proyecto Una, a “toda esa clasificación informal de directorios web que dan cobijo, más o menos conscientemente, a toda esa serie de hombres que veían amenazados sus privilegios como colectivo”.

Uso del terror sexual
La agresividad de redes como Twitter viene acompañada, según la investigación, del anonimato, la impunidad, lo que han llamado “cultura del zasca” y de despersonalización. Actitudes que son respuestas a mensajes feministas, a opiniones sobre tensiones geopolíticas o políticas, a comentarios o denuncias de violencia machista y sexual, sobre racismo en España o a críticas a personas, entidades o partidos que se consideran contrarios a los derechos de las mujeres.
Y, ¿cómo se violenta o agrade a las mujeres en redes sociales? Usando del terror sexual, es decir, amenazando con agresiones sexuales y con la violación; con el descrédito y la infantilización de las opiniones; y con valoraciones sobre el aspecto físico, principalmente. Además, esta violencia también es interseccional y sexista.
Los datos también muestran que el 72,28 de las mujeres encuestadas reciben expresiones discriminatorias, acoso un 69,57 de las veces, sealioning (hacer preguntas desde la supuesta ignorancia pretendiendo medir la exactitud y relevancia de lo que la otra persona está contando, aunque lo que busca en realidad es provocar el cansancio de la interlocutora) un 65,22 por ciento de ocasiones y desprestigio la mitad de las encuestadas. Además, más del 30 por ciento de ellas ha visto cómo los casos de esta violencia se han trasladado al ámbito presencial.
La violencia afecta más a las activistas que visibilizan sus datos como el nombre, la imagen o el empleo, y a las que representan identidades no normativas; “cuanto más lejos de la heteronorma, más agresividad reciben”, concluye la investigación.

Estas violencias digitales tienen efectos físicos en las agredidas. Más de un 40 por ciento de la entrevistadas ha padecido ansiedad; el 35 por ciento, tristeza y depresión; y más de un tercio, miedo y alteraciones del sueño, entre otros impactos. Por ejemplo, la frustración, la impotencia, la inseguridad o laincertidumbre aparecen también en los relatos. Más de la mitad de las encuestadas afirma haber sufrido autocensura y tener que “bajar el perfil” en las redes sociales; y en ocasiones han visto afectados su prestigio o su credibilidad.

Falta de respuesta
La gran mayoría de las entrevistadas, un 72,28 por ciento, perciben las violencias machistas digitales como un fenómeno creciente y al que no se le da la importancia desde ámbitos con poder regulatorio. Mientras que la agenda feminista sí está señalando este problema, todavía no se aborda con claridad desde la agenda institucional.
“Sigue existiendo demasiada ‘atomización’ en cuanto a campañas, mensajes y estrategias de prevención, de sensibilización, de detección y de actuación. Las políticas públicas que aborden con transversalidad y amplitud de miras estas violencias deberán, sin duda, contar con las feministas y su experiencia en el proceso”, matiza el estudio.
Las mujeres que han vivido este tipo de violencia consideran que la solución requiere largo recorrido y ha de ser colectiva. “Tenemos que hacerlo juntas y trabajando en diversos ámbitos a la vez”, afirman las autoras del informe. Pero, de momento, una gran mayoría de las encuestadas no ha encontrado una comunidad de apoyo para hacer frente a esta situación.
Hybridas es un grupo de trabajo enfocado al desarrollo de proyectos que promuevan el empoderamiento para la participación política y cívica con enfoque de género tanto a nivel analógico como digital. Komons son investigadores digitales, mediadores tecnológicos y catalizadoras de procesos. Aplican la tecnología y los métodos digitales y participativos para impulsar la inteligencia colectiva y el cambio social.

Fuente:Pikara Magazine

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