¿Reír o no reír? Tratamiento sexista en los programas humorísticos cubanos

Mayra García Cardentey [20-08-2015]
Fotograma de "A otro con ese cuento", uno de los programas humorísticos de la televisión cubana Fotograma de "A otro con ese cuento", uno de los programas humorísticos de la televisión cubana Icrt

Inicios de julio. La programación de verano abría sus puertas a las más variopintas propuestas. El humor, siendo cubanos al fin, ¿siempre? es una buena opción. El estelar del viernes, minutos después del noticiero,
corresponde a 3 X 1…Estrés, programa en el cual cada invitado realiza tres sketchs entre aquellos de su repertorio y alguno improvisado a la sazón. Luis Enrique (Kike) Quiñones fue por esos días el actor de marras. La personificación exagerada de una actriz y el momento dedicado a decodificar “cómo piensan las mujeres”, brindaron un panorama de lo que hace rato vivencia el humor cubano: el apoyo excesivo y frecuente en estereotipos de género para lograr comicidad.

El debate en las redes sociales no se hizo esperar. Miembros de la comunidad LGTBI en la Isla y otros defensores de la igualdad de género abrieron foro sobre la cuestionable representación del nada menos que director del Centro Promotor del Humor, máxima institución de esa modalidad artística en la nación.

Semanas antes, similar postura asumió en una de sus encarnaciones el popular actor Luis Silva, quien
interpreta a Pánfilo, uno de los personajes cómicos más seguidos en los últimos tiempos.

Las coincidencias no son aleatorias. El tema está sobre la mesa: cómo las situaciones cómicas de espacios televisivos se convierten en pretexto para un tratamiento sexista, especialmente de las mujeres, en sus diferentes representaciones. Un análisis de las principales proposiciones humorísticas del canal Cubavisión en la actual programación de verano brinda algunas luces sobre una cuestión peliaguda y controversial.

NO QUIERO LLANTO Y OTROS DEMONIOS

Desde inicios de julio del año en curso, la parrilla del llamado Canal de la Familia Cubana incrementó sus espacios humorísticos ya sea enteramente dedicados a la risa o con secciones en revistas variadas y espectáculos televisivos. Entre los primeros vale mencionar el habitual Vivir del cuento (lunes, 8:30p.m.), el mencionado 3 x 1…Estrés (viernes, 8:30p.m.), y el programa de chistes A otro con ese cuento (domingo, 6:30p.m.). En el segundo caso se agrupan los cuadros cómicos de No quiero llanto (jueves, 8:30p.m.) y Megasábado (sábado, 8:30p.m.).

Un mes de acercamiento cuali y cuantitativo a dichos proyectos audiovisuales permitió identificar que, aunque en la mayoría existe una representación sexista de las mujeres, en algunos como en A otro con ese cuento el dilema asume tonos crónicos; por tanto le dedicaremos, con mayor detenimiento, un acápite posterior.

En los otros casos varias cuestiones se evidencian, en menor medida, como un lenguaje sexista,  desentendido de cualquier igualdad de género, lingüísticamente hablando. En esos ejemplos se presentan las entregas “Control de presiones” y “El Moskovich” de Vivir del cuento y los apartados humorísticos de No quiero llanto y Megásábado.

De igual forma, no escapan los mitos arquetípicos como Cachita Caché (Irela Bravo), la “típica mulata”, que “vive del negocio, el chisme y su buena presencia” —no por gusto posee semejante nombre, mezcla de canción costumbrista a lo Rafael Hernández y neologismo de modas—; o la Evarista (Aris Teresa Brustos), quien encarna una personificación caricaturesca de la vejez femenina, en tanto interpreta algunas escenas con un enraizado interés en mostrar el “aparente anti-erotismo” que poseen las que sobrepasan los 60 años.

Ambos personajes de Vivir del cuento se suman a la Miss Universo (Venecia Feria) de Cacajó (si así se escribe), secretaria del personaje Antolín, el Pichón (Ángel García), protagónico de No quiero llanto. Si bien se supone que el rol destina bocadillos per se a la crítica de los Concursos de Belleza, intención valedera en una primera mirada; el personaje no logra despojarse de los chistes anodinos y poco elaborados que la sitúan en una visión repetitiva y rejuiciosa de las oficinistas.

A estos roles femeninos se añade el contenido sexista de los diálogos de sus contrapartes masculinas. El ejemplo más negativo radica en bromas que lindan con lo banal y superficial, defendidas especialmente por los personajes El Habanero (Julio César Rodríguez) y Pantera (Ángel Ramis), así como por ciertos invitados al programa. En posturas parecidas aparecen algunos de los que intervienen en las cortinillas de humor de Megasábado.

Mención aparte para el rol de Mariconchi (Orlando Manrufo) en No quiero…, quien asume desde el propio acto transformista una representación burda de la feminidad, en tanto defiende un humor irrespetuoso. “Estaba montando un número para el círculo de abuelos con dos amigas, Sobeida, cuerpo de tartaleta, y Mercedita, punto de leche”. Con tal comienzo de burla no hay que malgastar más líneas en los análisis.

A OTRO CON ESE CHISTE

Pero si hubiera un premio a la peor propuesta humorística, hablando en cuestión de género, sería para A  otro con ese cuento. Si en las entregas antes mencionadas el tratamiento sexista es evidente, en menor o mayor medida, en dependencia de la propia propuesta y calidad del guión y espacio en cuestión; A otro… se agencia la dosis más escandalosa.

Para solo tener una visión cuantitativa que luego interpretaremos: de alrededor de 31 chistes que promedia cada emisión, más de 15 relacionan una imagen estereotipada de la mujer, y en 11 aparece claramente un contenido discriminatorio, en franco soporte en el llamado humor verde que se basa en situaciones sexistas, groseras o léperas.

Desde el propio inicio delata su postura segregacionista. ¿Quiénes son sus presentadoras? Mujeres jóvenes,
bonitas, de cuerpos esbeltos, sexys, perfiles que para nada responden a la imagen real, o más común de la
cubana promedio. Y en la mayoría de los casos llevando ropas ajustadas o liliputienses y escotes pronunciados, en clara alusión a la mujer como objeto de deseo.

Pero si alguien preguntara qué culpa tienen las actrices por su belleza y/o indumentaria textil y asocian una visión nada culposa al hecho, le adentramos al contenido de los chistes. En más del 60 por ciento de las bromas se potencian las cualidades físicas y sensuales de las féminas, mientras que su capacidad intelectiva queda relegada a un segundo y hasta tercer plano. Se conciben a las mujeres como “tontas”, ingenuas, limitadas a las labores domésticas y, por supuesto, no escasean los chistes donde ellas son constantemente acusadas de promiscuas e infieles.

En este sentido, los modelos simbolizados en A otro… reposicionan paradigmas de la mujer como ama de casa, objeto decorativo y ente superficial, visión no superada y que ancestralmente ha encadenado la pluralidad de feminidades presentes en la Isla y legitimado el patriarcado dominante.

Con el empleo de la comedia, la mujer queda limitada en dos tipos de personajes desiguales pero igualmente prejuiciosos: la joven atractiva de buen cuerpo y poca mente; y la otra “fea”, con bata de casa y rolos, no como muestra de la cotidianidad si no como hecho satírico y burlesco. En cuanto a la actitud sucede igual: está la rubia incapaz, idiota hasta lo increíble; y la otra avasalladora, ruda y calculadora, dominadora y golpeadora de hombres (véase a Elda, la esposa del borracho).

Para aumentar sus males, en el programa dirigido por Delso Aquino, la denominada broma feminista, —que tiene una sección fija—, exhibe una ausencia de contenido, mientras se aleja de su aparente intención de reivindicarlas.

De forma general, las ideas se contradicen y transcriben la insulsez de una fórmula única y discriminatoria de mujer. No solo perpetúan así las pautas y mitos sexistas de la cultura tradicional, sino que además participan en su desarrollo al obviar modelos alternativos, existentes y reales en la actual sociedad.
Y ante este panorama las interrogantes no faltan: ¿Cómo se monitorean, en temas de género, los programas televisivos de humor en Cuba? ¿Qué políticas se aplican para mejorar los contenidos? ¿Cuáles acciones acomete un organismo como el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el cual en su directriz dice “contribuir de manera eficaz a la difusión de la imagen y el papel que realmente desempeñan las mujeres en nuestra sociedad”?

Las respuestas se ansían prontas y efectivas para perfeccionar un tipo de humor que no da risa.

1- Periodista cubana, directora de la revista Alma Mater de la Federación Estudiantil Universitaria.

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