Nahir Galarza es un nombre que se ha vuelto demasiado conocido. Quienes lean las noticias, sobre todo en Argentina, seguramente la han oído nombrar. Galarza es la joven argentina de 19 años que mató con dos disparos de la pistola Browning 9 mm semi-automática de su padre –un oficial de policía– a Fernando Pastorizzo, de 20 años, con quien tenía algún tipo de relación sentimental. El asesinato sucedió en diciembre pasado en Gualeguaychú, Argentina.

El envejecimiento de la población llegó para quedarse en Cuba, pero a menudo los medios de comunicación siguen manejando estereotipos que impiden ver a las personas que sobrepasan los 60 años no solo como dependientes de cuidado, sino también como protagonistas activas de la cotidianidad.

“El gran cambio que la región necesita con urgencia está en acelerar el logro de los derechos en salud sexual y derechos reproductivos”. La afirmación fue una de las abrumadoras conclusiones de la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, celebrada en días recientes en Lima, Perú; y que colocó sobre la mesa de diálogo, una vez más; la triste paradoja del ciclo de la desigualdad en este lado del mundo.

Violar a mujeres, acudir a prostíbulos, acceder a sexo y bailes eróticos pulsando un botón o asesinar a golpes a los avatares femeninos son algunas de las actividades fácilmente accesibles en un amplio catálogo de videojuegos que, a pesar de estar recomendados para mayores de edad, pueden llegar a todo tipo de público. La sexualización y la concepción de las mujeres como objetos en algunos de los títulos más vendidos han colocado a la industria la etiqueta de machista y homófoba, pero ¿está cambiando esta situación?

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