“Yutubero”, “tkm”, “wasap” son solo algunos los nuevos términos aceptados por la Real Academia Española en su primer manual para “escritores digitales”, presentado hace muy pocos días. Y en línea de su rancio conservadurismo rechazó el uso de todes, tod@s o todxs como forma de lenguaje inclusivo.
Este tipo de pronunciamiento de la RAE por el lenguaje inclusivo no es nuevo, ya se sabe, y se suma a los dichos de su director, Darío Villanueva: "El problema es confundir la gramática con el machismo". Sin embargo, el foco es erróneo. Lo que la RAE no ve y lo que Villanueva ignora es que el lenguaje inclusivo no apunta al cambio gramatical sino que fija una postura política.

El año de la huelga feminista y de la sentencia de La Manada, el feminismo ha rugido para denunciar el contexto que permite la violencia sexual. Mientras tanto, muchos medios se han sumado a esta “ola” con figuras como la redactora jefa de género de eldiario.es, una mesa especializada en EFE o la corresponsalía de género de El País.

No hay dudas sobre un hecho: si algo ha puesto de manifiesto este 2018 con #LasPeriodistasParamos, es que en todas las redacciones hay una periodista a la que no le da miedo decir que el periodismo, si pierde el foco de los derechos de la mujeres, solo podrá apuntalar la desigualdad.

En España, durante el último estudio realizado, se censaron 1.842.500 de hogares monoparentales. De ellos, el 83 por ciento están encabezados por mujeres; es decir, ocho de cada 10. Se estima que esta cifra pueda llegar a ser mucho mayor.
Un 54 por ciento de las familias en esta situación se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social. Y el 65 por ciento asegura tener serias dificultades para llegar a fin de mes.
En este contexto, desarrollar iniciativas para visibilizar la realidad de las familias monomarentales se convierte en prioridad.

¿Piropo o acoso? ¿Admiración pública ante una mujer o falta de respeto? ¿Dónde dibujar el límite? Desde que un “cromañón” asaltó las gradas del Estadio Latinoamericano hace unas semanas, estas y otras interrogantes calientan polémicas y provocan incluso debates fuera de tono en pasillos de recintos universitarios, centros recreativos o hasta en la sala de casa, en una reunión con amigos. Las partes enfrentadas de las discusiones dirimen una contienda que se inserta en un dilema definido genialmente por una estudiosa cubana: “los hombres de la isla están buscando una mujer que ya no existe, mientras las mujeres necesitan un hombre que aún no existe”.

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