Cuando la rutina vital cambia abrupta y prolongadamente en todo el mundo, a cuenta del confinamiento obligado por la Covid-19, profesionales de la psicología brindan apoyo en Cuba para sobrellevar la existencia cotidiana con menos estrés y ansiedad.

A medida que el planeta acumula meses de desgaste por obra y gracia del nuevo coronavirus, se hace evidente que, además de contingencia sanitaria de enormes proporciones, estamos ante una crisis que provoca –y provocará- una conmoción profunda en las economías, los modos de organización social, la salud mental de las personas, la educación, la cultura y, por supuesto, la comunicación.

En primer lugar, porque si bien entraña una realidad dolorosa: cualquiera puede ser víctima; también ha confirmado con creces que las desigualdades que ya existían antes de la aparición de la enfermedad pueden definir las maneras en que diferentes personas son afectadas de acuerdo con su género, su edad, su raza o etnia, su posición social, la zona geográfica en que viven e, incluso, la religión que practican, por citar algunas de las múltiples intersecciones existentes. Como ha detallado en días recientes un informe de OXFAM[i], la pandemia no discrimina, pero las desiguadades sí.

Hoy, 30 de marzo, se celebra el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar y Cuidados. Desde distintos colectivos se ha promovido una campaña para recordar la larga trayectoria de lucha por la equiparación de derechos y denunciar una situación de vulnerabilidad que, en tiempos de coronavirus, se refleja aún más. Las trabajadoras reclaman mayor protección y medidas urgentes frente al impacto económico y social también en el sector.

Save the children ha alertado de que existe un gran riesgo de que, tanto niñas y niños como adolescentes, puedan sufrir violencia online debido a su sobreexposición durante el confinamiento. La ONG le pide al gobierno la creación de recursos y canales adaptados al confinamiento para prevenir, denunciar y tratar los casos que surjan durante la reclusión. Además, aconsejan a las familias hacer un uso responsable de internet evitando el sharenting (exposición de menores en las redes sociales e internet) y aprovechando todas las alternativas de ocio de las que dispongan si necesidad de usar la red.

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