La historia del cine ha estado marcada por películas hechas por y para hombres, protagonizadas por hombres y cuyos argumentos refuerzan masculinidades tóxicas e invisibilizan a las mujeres como protagonistas. El Test de Bedchel ha sido implacable con la mayoría de las películas a lo largo y ancho de la historia del cine. Bedchel se inspira en​ el ensayo de Virginia Woolf, “Una habitación propia” (1929), en el que Woolf critica que, en la mayor parte de la literatura de ficción, la presencia de un personaje femenino se debía solamente a su vínculo con un personaje masculino existente, y la relevancia del personaje femenino derivaba de dicho vínculo.

La necesidad de reflexionar sobre la problemática de género, y de articular acciones que garanticen la sosteni­bilidad de los resultados alcanzados hasta hoy y que además ayuden a seguir avanzando, no ha perdido vigencia. Entre los beneficios que puede reportar este tipo de esfuerzos se encuentra mejorar la salud de mujeres y hombres. Una de las vías que es posible utilizar para lograr esa meta radica en la comunicación.

Se puede decir que la crisis del periodismo ha alcanzado la categoría de fenómeno circular: opera debido a múltiples causas y a la vez sirve como justificación para la precariedad en los medios. Para quienes acabamos la universidad en los últimos diez años es además nuestro contexto laboral habitual, el único que conocemos. No tenemos respuesta para el cómo hemos llegado hasta aquí, ni tampoco ninguna certeza de que lo de antes fuera mejor.

Uno de los muchos logros que ha conseguido el movimiento feminista es romper con la normalización de la cultura de la violación, que estaba enterrada y tapada, aunque el olor que desprendía se podía percibir desde hacía mucho tiempo. Las mujeres hemos cogido la pala y hemos empezado a desenterrar la violencia sexual, los maltratos dentro de las parejas y los abusos hacia nosotras. Con movimientos como #MeToo o #Cuéntalo hemos puesto este tema en el centro de la agenda política.

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