¿Piropo o acoso? ¿Admiración pública ante una mujer o falta de respeto? ¿Dónde dibujar el límite? Desde que un “cromañón” asaltó las gradas del Estadio Latinoamericano hace unas semanas, estas y otras interrogantes calientan polémicas y provocan incluso debates fuera de tono en pasillos de recintos universitarios, centros recreativos o hasta en la sala de casa, en una reunión con amigos. Las partes enfrentadas de las discusiones dirimen una contienda que se inserta en un dilema definido genialmente por una estudiosa cubana: “los hombres de la isla están buscando una mujer que ya no existe, mientras las mujeres necesitan un hombre que aún no existe”.

A lo largo de los años, la variable “género” ha sido utilizada en distintos estudios e investigaciones para llevar a cabo una reflexión sobre la realidad, atendiendo a las desiguales relaciones de poder construidas social e históricamente entre los sexos.
Siguiendo esta línea, los análisis sobre la presencia femenina en los libros de texto cobran protagonismo.
Los más actuales muestran cifras alarmantes que subrayan la poca representación en solitario de las mujeres en materiales educativos, o cómo el número mujeres representadas bajo nombre propio es mucho menor al de los hombres.

Los celos y el control, viejas formas de violencia a menudo solapadas tras la naturalización y el mito del amor romántico, toman nuevos rostros en una sociedad global caracterizada por el uso invasivo de la tecnología.
Emergen formas sutiles o encubiertas de control bajo las llamadas “pruebas de amor” que incluyen desde pedir-exigir a la pareja contraseña de Facebook o de cualquier otra red social, hasta eliminar contactos, revisar el celular, controlar el correo electrónico e incluso “solicitar” que compartas tu ubicación a través de Whatsapp u otra cuenta en la red de redes.

No son pocas las brechas cotidianamente asociadas a los medios de comunicación y la reproducción, desde esos espacios, de imaginarios que sostienen la violencia de género.
De esa relación entre los procesos formadores de opinión y constructores de sentidos –que se generan desde la comunicación– y cómo estos refuerzan o desmontan la violencia, habla la periodista e investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes (GESJ) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Carolina García Salas, quien participó en una investigación comparada de imaginarios juveniles sobre la violencia contra las mujeres en ocho países de Latinoamérica y Caribe (El Salvador, Honduras, Guatemala, Bolivia, Nicaragua, República Dominicana y Cuba, más Colombia), en colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y OXFAM Latinoamérica.
“Se trata de un estudio que articuló a diversos actores sociales dentro y fuera del país, y en nuestro caso fue de singular importancia la colaboración de especialistas del Programa de OXFAM en Cuba y del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR)”, explicó García Salas.

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