En lugar de solo decir NO a la violencia de género, las campañas de comunicación o de bien público deben orientarse a cuestionar y desmontar las normas sociales que perpetúan estas formas de maltrato, coincidieron activistas latinoamericanas durante un foro sobre comunicación, celebrado del 2 al 6 de diciembre en La Habana.

Las nominaciones de los 34 Premios Goya evidencian la discriminación que sufren las mujeres profesionales en el cine español. La Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) pide el cumplimiento del Plan de Acción que elaboró a petición del ministro de Cultura y que revertiría esta situación.
En las 91 nominaciones (no se tienen en cuenta las de interpretación), solo 19,05 son mujeres (los decimales corresponden a trabajos en los que las mujeres comparten especialidad con hombres), lo que significa el 21,5 por ciento.

Janire Orduna y Bea Aparicio son dos mujeres que recorren espacios feministas y los traducen en algo visual. Juntas, forman FemGarabat y convierten toda la información que aprenden en caricaturas y dibujos que enseñen. El consumo de la prensa en papel empieza a sonar nostálgico: cada vez cierran más quioscos (se habla del futuro incierto del negocio) y se gastan más datos móviles, más batería en el dispositivo. Ellas, cada una desde su rama, han encontrado una forma amena de transmitir los mensajes -a veces, complejos- de las diferentes teorías feministas. Su investigación sobre el Relato Gráfico Feminista es un soplo de aire fresco que mezcla las bases y los fundamentos del movimiento, su toque personal y la expresión artística.

Hay personas detrás de los discursos mediáticos. Y, en esas personas, tantos estereotipos y subjetividades como en cualquiera. Pero la responsabilidad que asume quien firma un texto periodístico debería resultar suficiente para la exigencia de no ser “víctimas” de esos aprendizajes. Más a menudo de lo que se piensa, y mucho más a menudo de lo que se quiere, nuestros medios de comunicación son culpables de sostener los cimientos de la violencia machista.
Pasa a través de la pantalla, el dial, o en el amplísimo universo del mundo digital. Y pasa en los textos impresos, con el riesgo de que el error (y siempre clasificará como tal la mirada prejuiciada), sobreviva a su autor, al medio, quizás, y a la sociedad en que nació.

Información adicional