“En el entorno académico cubano antropólogos, historiadores, psicólogos y sociólogos encabezaron el interés profesional a la hora de promover estudios con enfoque de género. Paulatinamente, otras disciplinas se han sumado a ese interés y entre ellas sobresale, sobre todo en la última década, la Comunicación”[1].

Un acercamiento a la investigación en comunicación y género producida en La Habana entre los años 1990 y 2017 conduce su caracterización atendiendo al comportamiento teórico-metodológico, las condiciones de producción y las particularidades de sus resultados.

El lenguaje inclusivo llega a los debates sobre el proyecto de Constitución cubana que actualmente se somete a consulta ciudadana. Desde el activismo y la academia, algunas voces sugieren superar el enfoque androcéntrico en el texto constitucional.
La crítica e investigadora literaria Zaida Capote Cruz fue de las primeras expertas en proponer cambios a favor de un lenguaje no sexista en el proyecto de Constitución, que discute la población cubana hasta el próximo noviembre.

El sociólogo Pierre Bourdieu sentenció sabiamente que “las feministas necesitan una revolución simbólica”. Abocadas a construir ese otro mundo de relaciones, a trastocar los signos de la opresión y edificar una sociedad justa, hemos asumido la disputa del escenario público y mediático no solo para denunciar la opresión de las mujeres, la desigualdad e injusticias que genera el patriarcado, sino también para construir otros significados y nuevas maneras de decir.

En muchas ocasiones el cine ha ayudado a eliminar los prejuicios de la sociedad, pero mitos como el del “amor romántico”, muy recurrente en la ficción, ofrecen a la población adolescente una idea equivocada y machista del amor. Además, el 87 por ciento de las personas guionistas son hombres, algo que fomenta la representación de los habituales tópicos femeninos y la sexualización de las mujeres.

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