La vorágine informativa en la que vivimos actualmente, generalmente, no nos da tiempo para la reflexión, la crítica, la relectura de los hechos; de manera tal que lo importante se iguala a lo accesorio, lo profundo con lo banal y la naturalización de hechos y circunstancias que merecen ser mirados con detenimiento nos van acostumbrando a no interpretar los acontecimientos, ver más allá de lo inmediato.

En Cuba, como en muchos países del continente americano, la telenovela goza de una popularidad notable. Durante años se mantienen en la memoria afectiva de las y los espectadores nombres de personajes, imágenes, escenas, fragmentos de historias que acompañaron momentos de nuestras vidas, o simplemente sirvieron de pretexto para entablar conversación con alguna persona desconocida.

Tanto en una favela de las que bordean las playas de Río Janeiro, en Brasil,  como en la elitista Manhattan, en Nueva York, o en el populoso Alamar, en la Ciudad de La Habana, el televisor ocupa un lugar icónico en los hogares. De acuerdo a la cultura, las posibilidades económicas, los hábitos de uso y consumo, podrá ser de dimensiones casi de sala de cine o de apenas unas pulgadas, estar situado en un postmoderno mueble de diseño o sobre una humilde mesa, adornado con los objetos más kisth o incorporado a la decoración, desde la estética mínimal, aparentando ser una ventana más. Estará atravesado por todas las mediaciones culturales, pero omnipresente en la vida cotidiana como expresión de la centralidad de los medios en las sociedades del tercer milenio.

El feminismo, los feminismos, nos han dado los conceptos, la mirada, además de una ética, una forma de estar en el mundo, que utilizamos como comunicadoras y después de tanto tiempo viendo, entendiendo y explicando, que es al fin y al cabo en lo que consiste nuestro trabajo, yo he llegado a la convicción de que tenemos la obligación de erradicar la violencia de género con nuestros instrumentos: denunciando, contando, dando voz a las fuentes que realmente saben, alejándonos de los números y acercándonos a las personas. Tenemos que cambiar el canon. Tenemos que cambiar los paradigmas de la comunicación.

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