Las nuevas tecnologías y las redes sociales se han convertido en una herramienta para ejercer un acoso contra las mujeres que parece no tener fin. La inmensidad de la red hace que los mensajes, fotos y vídeos se propaguen a una velocidad vertiginosa, resultando muy difícil parar la viralización de contenidos sensibles o violentos.

Un nuevo documental titulado 100 años de divorcio, aún en proyecto, dará vida a las historias de sufragistas y feministas que exigieron derechos civiles en Cuba durante las primeras tres décadas del siglo XX. La nueva apuesta es obra de la cineasta Marilyn Solaya (Vestido de novia /2014), quien acumula una obra coherente dedicada a defender los derechos de las mujeres y es una de las solo ocho directoras de cine cubanas que han logrado hacer un único largometraje en la nación caribeña.

Si se hiciera un estudio demográfico de la programación de la televisión cubana arrojaría como definición que la isla es un país de mujeres y hombres blancos, jóvenes y en su mayoría bien parecidos. Si ese mismo estudio realizara un análisis más profundo, tendría como resultados una televisión ajena a un proceso de creciente mestizaje y, sobre todo, de espaldas a la realidad de una nación inmersa en un acelerado proceso de envejecimiento.

La igualdad de género tendría que ser uno de los principios editoriales básicos de los medios de comunicación. Y no solo para responder a una necesidad social sino también para mejorar los productos informativos, ofreciendo la diversidad y la pluralidad de nuestra sociedad. Las empresas de medios de comunicación deben saber que incorporar una perspectiva de género y feminista también revierte en una ampliación y diversidad de la audiencia y mejora su posición en un mercado competitivo que reclama nuevas formas y valores de comunicación.

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