Por: Danae C. Diéguez

El último decenio del siglo XX dio cuenta de un desarrollo vertiginoso de las nuevas tecnologías. La democratización de los nuevos medios ayudó a paliar las brechas de inequidad en las representaciones de género. O sea, pudiéramos articular la siguiente ecuación: a mayor democratización de las nuevas tecnologías, mayor equidad en las representaciones de género y, por lo tanto, mayor número de mujeres en la posición de nombrar y contar y no de ser nombradas y narradas por otros. Sin embargo, la clave de dicha aseveración está en encontrar cómo esa aparente ecuación en positivo les debe a las conquistas femeninas y feministas la posibilidad de "ser".

Fotograma del teleplay "Del otro lado del velo", de Elena PalacioFotograma del teleplay "Del otro lado del velo", de Elena Palacio

Quien tiene la llave del signo se libera de la prisión de la imagen

Michel Tournier

Uno de los grandes aportes de la teoría fílmica feminista es el concepto de la mirada (to-be-looked-at «el-ser-mirada») aportado por Laura Mulvey en su antológico ensayo Placer visual y cine narrativo1. En su texto Mulvey refiere que la mirada se construye a partir de las nociones de la diferencia sexual aprendidas en la cultura y analiza cómo en el cine dominante -se refería a aquel evidenciado por la estructura hegemónica Hollywoodense, pero que se aviene perfectamente a todo el aparato cinematográfico que se edifica desde las posturas de dominación institucionales- se alistan tres tipos de miradas: una dentro del texto fílmico -los hombres que contemplan a las mujeres y se convierten en objetos de la mirada-; la segunda, el espectador/a se identifica con esa mirada que objetualiza a las mujeres; y la tercera, la mirada original de la cámara que actúa en la filmación y marca el punto de vista de quien dirige.

Por: Sonia Santoro/ Artemisa Comunicación

En el 2008 tuve el gusto de sentarme también en una de estas sillas invitada a participar de la sesión especial por el 8 de marzo que entonces organizó la diputada Diana Maffía. En ese momento empecé mis palabras citando a la historiadora Mercedes Pujato Crespo, que en 1910 y con motivo del Consejo Nacional de Mujeres planteaba: '¿Por qué mueren prematuramente nuestras revistas?

"¿Esa cola tiene novio? ¿Quién va a hablar, el culito o ella?" (AM, Telefe, 17 de enero de 2011). "¿Qué te llevó a querer ser el culo del verano?" (Viviana Canosa, Canal 9, 18 de enero de 2011).

El minuto a minuto barre a entrevistados que pueden hablar con pausa y hace quedar durante horas una guerra de barro entre gemelas o un ricachón mostrando sus gemelos. El rating manda. Y la tele también. Culpa de las productoras o mea culpa del imán que genera tener la mente en blanco o preocupada por el baile, la pelea o el video prohibido (o violado) de vedettes y mediáticos la tele no es sólo banal –que no estaría mal un tiempo de banalidad– sino discriminatoria.

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